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DIARIO EL NACIONAL / Sergio Dahbar / Martes 01 de Enero
Stieg, el visionario
Reproducimos este artículo sobre el autor de la trilogía "Millenium", llevada al cine
Cuando uno analiza el atentado cometido por Anders Behring Breivik en la isla de Utoya (Noruega), en julio pasado, resulta casi imposible no relacionarlo con todos los fantasmas que empujaron a Stieg Larssson a escribir su trilogía Millenium, Esos fantasmas, que recorren Europa, no atacan otro impulso que el fundamentalismo extremo de una derecha xenófoba y criminal.Breivik no era un extranjero de piel oscura, sino un noruego blanco que había nacido en Londres, algo inestable a partir de la separación de sus padres. Sentía que la educación de su madre lo había feminizado. Y algo se alteró en su mente cuando intentó ingresar al ejército y no lo aceptaron por sus extraños rasgos psicológicosEn su mente configuró un ejército invisible que lo ayudaba a superar cierto complejo de inferioridad. Él era el general en jefe de una guerra santa. Comenzó a unificar su uniforme de choque como si fuera un soldado templario. Leía los blogs de articulistas occidentales en contra de la religión islámica. Eran sus héroes. Los citaba en su manifiesto. En la granja que alquiló 160 kilómetros de Oslo, los últimos días antes de masacrar a 80 personas, distraía sus obsesiones fascistas viendo el festival de Eurovisión. Practicaba con comandos ultraviolentos en videojuegos agotadores, y transformaba en toneladas de fertilizantes y aspirinas en explosivos.Este macho noruego de comiquita, que filtreó con el nazismo, deseaba acabar con los musulmanes de cualquier forma. Sus acciones tenebrosas no sólo cegaron vidas de seres humanos inocentes, sino que le dieron un golpe bajo mortal a la idea que tenían los noruegos de país tranquilo, donde casi nunca pasaba nada más allá del aburrimiento.Como ha comentado Johan Galtung, sociólogo noruego especialista en temas de paz, “hay que confrontar el discurso de Breivik, entender cómo piensa. Las ideas son más importantes que él”. Unas ideas que, por cierto, profesan muchos europeos en las sombras.¿Cuáles son? Así las define Galtung. “Hay una guerra civil entre el cristianismo y el Islam. Lo más peligroso para Europa es la multiculturalidad. Y lo peor es que el islam se cuele por esa tolerancia con el extranjero”.Breivik proponía pagarle a cada musulmán 25.000 dólares para que se fueran del continente. Si no aceptaban había que matarlos. A la socialdemocracia la consideraba un partido de “nenazas”. Y el marxismo cultural una traición a las ideas Occidente.Lo curioso es que Stig Larsson fue premonitorio. Lo sabemos ahora que la editorial española Destino lanzó una recopilación de sus artículos periodísticos, eco involuntario de la onda expansivaque produjeron sus ficciones.Se llama La sangre y la furia, otra vuelta de tuerca del sustrato larssoniano: artículos sobre el terror del extremismo fascista, la discriminación contra las mujeres y los inmigrantes, la penetración de movimientos neonazis en las democracias europeas contemporáneas. Larsson, fundador y director de la revista Expo, como su alter ego Mikael Blomkvist, crece en estas páginas como un polemista fiero y contundente. Defiende sus ideas sin distraer el objetivo. Y denuncia sin ambages la aparición creciente de movimientos racistas que asomaban en el horizonte de Europa el lado más oscuro de la xenofobia y la aniquilación del humanismo.Cualquier turista cultural sistemático, después de haber sucumbido a las tres novelas y sus síntesis cinematográficas entenderá que estas crónicas complementan la imagen que nos hemos formado de Larsson, el muchacho comprometido con las mejores causas de Occidente.No cabe duda, incluso, de que su voz fue visionaria, si tomamos en cuenta el primer artículo de este libro (“En Estocolmo también pueden producirse atentados terroristas”) y lo contrastamos con los hechos sangrientos que desencadenó 16 años después un noruego perturbado por el peligro musulmán. Sólo que no ocurrió en Suecia, sino en Noruega.A estos 25 alegatos escritos por Steg Larsson les sobra indignación y les falta algo de lo que inmortalizó a MIkael Blomkvist: ese reporterismo callejero que lo conducía siempre a respirar el aliento de la muerte. No deja de ser paradójico que Larsson sea más exitoso como novelista, aun cuando sus ficciones encuentran sentido y oportunidad en los arrabales del oficio periodístico. Cosas de los suecos.
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