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La Unión Europea sale en defensa de los cineastas iraníes
Además de la condena a Jafar Panahai, la actriz Marzie Vafamehra fue condenada a 90 latigazos y un año en prisión por participar en una producción australiana filmada en Irán
La responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton, ha pedido este miércoles a la República Islámica de Irán que revise las condenas a profesionales del cine sentenciados a castigos físicos, cárcel y prohibición de trabajo o viajes al extranjero por parte de la justicia de ese país. En particular, se refirió a la actriz Marzie Vafamehra (en la foto), que acaba de ser sentenciada a 90 latigazos y un año de prisión por participar en una producción australiana filmada en Irán y al cineasta Jafar Panahi, cuya condena a 6 años de cárcel y prohibición de ejercicio profesional por dos décadas acaba de ser confirmada.
Vafamehra fue detenida el pasado julio, casi dos años después de que rodara My Tehran for Sale (Mi Teherán en venta), de su compatriora emigrada a Australia Granaz Moussavi, filmada en la capital iraní. La cinta, lanzada internacionalmente en el Festival de Toronto en 2009, no fue autorizada para su distribución en el país asiático, pero circuló en copias piratas. El sábado pasado, un tribunal islámico condenó a la actriz a ser azotada y pasar un año en la cárcel.
Ashton equiparó los latigazos con una forma de tortura y dijo que su caso y el de Panahi atentan contra la normativa internacional sobre Derechos Humanos que el régimen de Teherán ha suscrito. Detalló la diplomática que el castigo corporal equivale a la tortura y está prohibido por la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos que, por otra parte, garantiza el derecho a la libertad de expresión, la cual se ha prohibido al guionista, realizador y productor Panahi durante 20 años.
El caso de Vafamehra ha sido recurrido por su defensa. Su familia residente en Irán ha sido amenazada para que no hable con medios extranjeros sobre el caso. La coproductora de la película por parte australiana, Kate Croser, negó algunos extremos citados por los medios oficiales, en el sentido de que no poseían los permisos para rodar en Teherán, lo cual es falso, según la cineasta.
"Este suceso -escribía días pasados el director del español Festival de Las Palmas de Gran Canaria, Claudio Utrera, en el diario Canarias Ahora-, absolutamente humillante para una profesional que sólo pretende dar testimonio de la lacerante realidad en la que desenvuelve hoy el régimen tiránico de Ahmadineyad, nos proporciona otra razón más para perseverar en la denuncia contra un Gobierno que no sólo no respeta los más elementales principios del juego democrático sino que continúa, pese a la oposición internacional, con sus contumaces hábitos medievales de castigar mediante métodos que ya parecían felizmente proscritos de la faz de la Tierra".
Por otro lado, el pasado septiembre seis cineastas independientes fueron detenidos, bajo la acusación de colaborar con la BBC para ofrecer "una imagen oscura" de la República Islámica y sus ciudadanos", aunque fueron liberados al menos algunos de ellos posteriormente.
Panahi no es el único realizador condenado a largas penas de prisión simplemente por filmar o escribir. Otros han elegido el camino del exilio -al menos el laboral- como el internacionalmente reconocido Abbas Kiarostami, cuyas cintas no pueden ser vistas en su propio país.
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