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WWW.LANACION.COM.AR / Fernando López / Martes 01 de Enero
Celeste Holm, la gracia y la versatilidad
La actriz ganadora del Oscar en en los años 40 murió a los 95 años
Pocos habrán oído hablar de Celeste Hola en los últimos años, salvo que se hayan enterado de la demanda que le ganó a Pedro Almodóvar por el uso -expresamente prohibido- de imágenes suyas, provenientes del film La malvada, que el realizador manchego había incluido en Todo sobre mi madre. Es que la rubia estrella de origen noruego (el padre, de esa nacionalidad, era representante de la compañía Lloyds's de Londres en Nueva York, y la madre, una cotizada retratista) sólo había asomado en las últimas dos décadas en pequeños papeles de telefilms o series que no siempre llegan a las pantallas locales, y aun en su último título conocido, Tres hombres y un bebé (la versión norteamericana con Tom Selleck, de 1987), hacía apenas una breve aparición como la madre de Ted Danson.
En realidad, los tiempos gloriosos de Celeste, la actriz neoyorquina fallecida anteayer en su ciudad natal a los 95 años, fueron otros -los cuarenta y los cincuenta- donde sin alcanzar el esplendor de las grandes estrellas, lució su inteligencia, su personalidad, su gracia, su proverbial elegancia y, sobre todo, su versatilidad. ¿Cómo no destacar ese rasgo en una intérprete que tuvo su primer éxito como figura de musicales en el teatro, a poco de ingresar en el cine ganó un Oscar como actriz dramática, brilló más tarde en la comedia y en el melodrama y no dejó de poner a prueba su ductilidad asumiendo una infinita diversidad de personajes en la escena, la radio y la televisión?
Hija única de padres que por sus ocupaciones no tenían mucho tiempo para dedicarle, pasó temporadas en escuelas de Holanda, Francia y los Estados Unidos, hasta que, mientras completaba la secundaria, se decidió por estudiar arte escénico en la Universidad de Chicago. A los 17 hizo su debut teatral con un grupo de Pennsylvania y un par de años más tarde desembarcó en Broadway, donde la esperaba un rotundo triunfo: el que obtuvo en 1943 al estrenar el papel de Ado Annie, la chica que no podía decir que no, en la temporada inaugural de “Oklahoma!”, de Rodgers & Hammerstein. A esa altura ya había trabajado con Leslie Howard y con Gene Kelly, pero fue el éxito en Broadway el que la llevó a Hollywood. y a la Fox.
Con su tercera película allí, La luz es para todos (Gentleman’s Agreement, 1947), de Elia Kazan, la primera de una serie que condenaba el racismo, ganó el Oscar a la mejor actriz en un papel secundario. Al año siguiente, alcanzaría sus primeros personajes protagónicos, con uno de los cuales, el de Hablan las campanas (Come to the Stable, 1949), conseguiría una nueva nominación al Oscar.
Pero probablemente lo mejor vendría después: La malvada (All Abaut Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950) le valió una nueva, merecida, nominación, y dos comedias de Charles Walters, ambas al lado de Frank Sinatra, que en uno y otro caso estaba enamorado de otra mujer (Debbie Reynolds en la primera, Grace Kelly en la segunda), le dieron nuevas oportunidades para que pusiera en juego su notable oficio de comediante, su elegancia y su sofisticación: La edad del deseo o La dulce trampa (THe Tender Trap, 1955) y Alta sociedad (High Society, 1956), en la que se daba el lujo de cantar junto a La Voz un clásico de Cole Porter: "¿Quién quiere ser millonario?".
Tenía carácter firme, lo que la llevó a chocar con el mandamás de Fox, Darryl Zanuck. Tanto que en una oportunidad en que no hubo acuerdo entre los dos se pasó cinco años sin filmar.
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