- El documental rinde homenaje a los creadores Alejandro Colina y Alfredo Cortina.
- El director es un sonidista de dilatada trayectoria en el cine venezolano, y hoy cruza la frontera y se aventura con el primer documental bajo su dirección. El estreno será el próximo 12 de agosto
Carlos Bolívar Díaz se define ante todo como un sonidista. Su dilatada experiencia así lo revela y su voz está más que autorizada para hablar en ese sentido, ha trabajado como sonidista, microfonista, editor y director de sonido en más de 50 películas, entre cortos, ficción y documentales. El cine hizo entrar en el carril su disparatada juventud y desde los 22 años de edad no ha hecho otra cosa que cine, siempre desde la trinchera del sonido.
Sin embargo, “esa droga”, como él define al séptimo arte, lo envolvió de tal manera que el próximo 12 de agosto se estrenará en las salas comerciales su primer documental como director, Vivir de imaginar, en el que trabajó aproximadamente 12 años.
Bolívar Díaz pertenece a la generación de los que aprendieron hacer cine sobre la marcha, sin estudios formales. “Nosotros aprendimos a montar sonido porque en un momento dado, no había nadie que hiciera el sonido de las películas venezolanas (…) Todos odiaban ese trabajo porque era muy meticuloso, es una labor de escuchar muchísimo, de buscar la personalidad de los sonidos”, explica y recuerda, inmediatamente, sus desvelos en el estudio buscando, exhaustivamente, los sonidos precisos que dieran a la historia su verdadera personalidad.
Toda su experiencia cinematográfica, por tanto, está atravesada por ese oficio de escuchas. “Vivir del cine es muy difícil pero nosotros nos aferramos a él como unos locos porque nos encanta. Desde que dicen ‘acción’, comienza una adrenalina, una presión muy sabrosa. El cine es maravilloso desde el punto de vista espiritual, económicamente hay que tener mucho control”, asevera risueño.
Vivir de imaginar
Bolívar Díaz considera nunca haber dado un salto del sonido a la dirección, sino que una cosa le llevó a la otra de forma natural, así nació Vivir de imaginar, un documental conformado por dos mediometrajes dedicados a la vida y obra de Alejandro Colina, importante escultor de la estatuaria monumental venezolana y a Alfredo Cortina, un importante pionero de la radio y la televisión venezolana.
En la casa de su madre, la profesora universitaria e investigadora Aminta Díaz que escribió el libro "Colina", sobre el escultor, surgió la idea de hacer un documental para contar su vida y homenajear su legado. Con el apoyo de su madre y con Edgar Narváez a cargo del guión emprendieron un arduo y largo proceso de investigación, recopilación de archivos, producción, hasta finalmente llegar al proceso de filmación, con la ventaja de contar con la amistad de la familia de Colina.
Por otro lado, se le ocurrió profundizar en la vida y en el ingenio que llevó a Cortina a resolver los primeros problemas técnicos y artísticos en la realización de las producciones radiofónicas y televisivas, sobre la base de una exhaustiva investigación, con el guión, igualmente de Narváez.
A pesar de que las dos historias están narradas por separado, Bolívar Díaz explica que ambos testimonios se vinculan y ofrecen lecturas complementarias de un tiempo histórico bajo el férreo látigo del General Juan Vicente Gómez. Sin proponérselo, el director y su equipo, lograron que ambos testimonios enriquecieran la visión de una época con sus características y especificidades.
Con la filmación del mediometraje de Colina, el director quiso establecer una relación diferente con las esculturas de este creador, entre las que destacan la famosa María Lionza, los caciques Tiuna, Manaure y Yaracuy. Bolívar Díaz quiso registrar los detalles de las estatuas que se pierden ante la vista de los transeúntes por sus monumentales dimensiones, “Yo echaba broma diciendo: ‘Yo quiero verle las tetas de cerca a María Lionza”, cuenta sonriendo. Y precisamente ese fue uno de los retos, conseguir una grúa para capturar esos detalles y dar con la permisería para grabarlas.
Al contrario pasó con el mediometraje de Cortina para el cual el principal reto fue el diseño y la realización de una replica del primer estudio de radio de Venezuela y el casting de actores para dar vida a los personajes de la época, esto con el propósito de realizar una recreación histórica del trabajo diario de este importante locutor venezolano. Las indagaciones en este orden fascinaron al director por el ingenio con el que tanto Cortina, como los realizadores de la época resolvieron los primeros efectos de sonido, la grabación, los guiones, etc.
Pero las mayores dificultades, explica Bolívar Díaz, residieron en la obtención de materiales y archivos de Colina y Cortina para el documental, pues cuenta que tuvo que enfrentarse al hecho de que algunos estaban perdidos, otros dañados y otros en manos de personas que se resistían a prestarlos para la realización de la película.
En este sentido, Bolívar se dio cuenta de algo: “A los venezolanos no nos gusta conservar. Así somos todos. No tenemos ninguna fijación con el pasado”, y agrega “A mí me encanta el pasado, no por repetirlo ni por añorarlo, sino que allí hubo vidas que nos aportaron y nos hicieron ser los que somos”. El documental es una batalla contra el olvido, y con éste, el director afirma reconocer y homenajear el aporte que ambos creadores dieron al país.
Más ingenio que cámara
El ingenio de ambos creadores son una lección de vida, piensa Bolívar Díaz. En el caso de Cortina, “Él y su gente construyeron un nuevo medio, inventaron efectos de sonidos, atraparon al público con casi nada en las manos, con puro talento”, expresa.
Al llegar a ese punto, no puede dejar de pensar en la actualidad creadora del país, “los venezolanos somos muy esnobistas (…) Queremos tener la mejor cámara del mundo, no nos damos cuenta que somos un país con un cine de bajo presupuesto, no somos Hollywood, tenemos que adaptarnos. Tenemos que ponerle más talento e ingenio que cámara y equipos”, explica.
Al preguntarle a Bolívar Díaz por el histórico estigma que ha recaído sobre el sonido de las películas venezolanas, rememora la enorme cruz con la que los sonidistas tuvieron que cargar por mucho tiempo. “Decían que el sonido de las películas venezolanas no servía y no te imaginas el esfuerzo que hicimos para mejorar”. Lo dice quien ha trabajado como microfonista, sonidista, editor y director de sonido tanto en películas venezolanas y extranjeras.
“Nos esforzábamos mucho, buscamos las formas de mejorar el sonido y en eso nos dimos cuenta que no solo era un problema de los sonidistas, resulta que los actores venezolanos no pronunciaban bien las palabra, era un problema de voz y dicción también”, cuenta el director y asegura que el sonido en las películas venezolanas “ha mejorado muchísimo, incluso ahora hay dos salas de mezcla que no teníamos. Hasta hace poco había que ir a Argentina o a otro país para mezclar. Siempre ha habido, y ahora, más buenos sonidistas en el país”, sentencia.
Y esta realidad ha sido estimulada, según sus palabras, por la Ley de Cinematografía Nacional que ha aportado un fondo de recursos que no depende del Estado, ni de las fluctuaciones del dólar, porque se cuenta con el sector privado. Esto ha sido maravilloso, indica Bolívar Díaz, porque le ha permitido a los realizadores y a las nuevas generaciones tener entradas fijas de dinero por hacer películas.



