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COLABORACIÓN / Luis Sedgwick Báez / Martes 01 de Enero
TORONTO 2012
TORONTO 2012
Nuestro amigo y colaborador habitual Luis Sedgwick Báez nos entrega su reseña acerca de la edición del Festival de Toronto de 2012
Llegar al Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) es asumir el consabido rol habitual: confrontar el catálogo (este año de 456 páginas), comprobar que 3 o 4 filmes que uno quiere ver colindan con el horario; luego el dilema de la escogencia y la frustración posterior de no poder ver todo lo que ofrecen. Aparte de estos bemoles, el paisaje arquitectónico del “downtown” Toronto ha cambiado, vemos nuevos condominios por doquier, espacios de incipiente construcción añadido al bululú que insufla el Festival con “F” mayúscula. He visto 46 films, 2 o 3 extraordinarios y una selección que no deja de asombrar. Sólo reseñaré algunos muy buenos y otros en escala menor. En la bolsa que nos entregan cuando retiramos el carnet que nos acredita encontré, además de la parafernalia acorde al material informativo y de publicidad, un paquete de cotufas, un recipiente de plástico para el microonda y dos condones. Amor (Amour, Austria) fue uno de esos filmes extraordinarios y la segunda Palma de Oro para Michael Hanecke. Contó con dos actuaciones para el recuerdo (Jean Louis Trintignant y Emannuelle Riva) hablando un francés con una dicción impecable, que conviven afrontando su mortalidad. Ella, luego de sufrir un ACV y paralizada de medio cuerpo, recibe la atención de su esposo y dentro de esa cotidianeidad Hanecke la subraya con naturalidad y apoyado por un guión compasivo y sin pizca de sentimentalismo. Nanni Moretti, presidente del Jurado en Cannes, se molestó (y con razón) cuando el jurado quiso otorgar a Trintignant y a Riva los premios a la mejor actuación pero los estatutos de Cannes (como los de Venecia) impiden otorgar el monopolio de los principales premios a un mismo filme. Una postura absurda pues si se lo merecen, ¡¡¡¿por qué no?!!! El tema de la eutanasia tratado en Amor también es recurrente en Bella adormentata (Italia) de Marco Bellochio basado en el caso “Eluana” que devino en un tema de debate nacional cuando la joven en cuestión, después de un accidente, vivió 17 años en coma mientras sus padres, a través de litigios, pedían retirarle los tubos vitales. El filme se desarrolla con 3 historias paralelas y Bellochio, siempre polémico, increpa a la sociedad, a la política (y los políticos), en un filme a ratos discursivo pero bien actuado. Matteo Garrone obtuvo su segundo gran Premio del Jurado en Cannes con Reality (Italia), (su anterior fue Gomorra) posee un talento perceptivo en captar el tumulto familiar napolitano (los gritos, los gestos operáticos, el drama, la comedia) pero no me convenció la transición del personaje (Aniello Arena, estupendo) que quiere participar a como dé lugar en un “reality show” y es rechazado pero sigue soñando hasta perder el sentido común. Como dato anecdótico, Arena cumple condena de 20 años en una prisión italiana por un doble asesinato. No cabía un alma cuando entré a la sala para ver Piedad (Pietà, Corea del Sur) de Kim Ki Duk, un film prolijamente facturado, sangriento y visceralmente morboso: la historia de una venganza, de una madre hacia un prestamista, que convierte en inválidos a los que no cumplen con la deuda. Más allá de las colinas (După dealuri, Rumania) de Cristian Mungiu (el mismo de 4 meses, 3 semanas, 2 días) fue otro de esos filmes extraordinarios del TIFF. La historia apunta hacia dos jóvenes huérfanas que años atrás tuvieron una relación lésbica en un reformatorio, la una ingresó a un monasterio cristiano ortodoxo bajo la batuta de un “papa”, autoritario e inflexible en la ideología religiosa. La otra se mudó a Alemania y regresa para llevarla y sacarla del monasterio con facilidades primitivas, sin luz y aislados. Un tanto larga pero un triunfo de dirección, actuación y de profundidad en sus planteamientos. Con una ausencia de 9 años y confinado a una silla de ruedas (razón por la cual no pudo asistir al TIFF), Bernardo Bertolucci compensó su incapacidad física con una vitalidad pletórica de juventud, audacia y al son de los tiempos, Yo y tú (Io e te, Italia) posee el desenfreno de sus primeros filmes (Antes de la revolución, La estrategia de la araña) con un guión que “cliquea” con los jóvenes, el acercamiento entre dos medio hermanos, ella una heroinómana empedernida pero lúcida consigo misma y con la otredad, y él, un adolescente solitario, experto en insectos. Ese día, al salir de la sala me entero que Piedad de Kim Ki Duk acababa de ganar el León de Oro en Venecia. Un sentimiento de frustración me invadió pues jamás pensé que ganaría. Después un colega me señaló que se lo iban a dar a El maestro (The Master, EEUU) de P.T. Anderson pero que los miembros del jurado llegaron a un “entente” pues los reglamentos del Festival, como en Cannes, impiden dar los premios importantes a un solo film. Phylip Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix recibieron ex aequo los premios como mejor actor. El TIFF no es competitivo, se otorga el premio del público. Siempre he sostenido, contra la gran mayoría, que la competividad saca lo peor de las personas, a nivel humano y del sentimiento. Después de tanto elogio de la crítica precedente esperaba más del filme de Anderson. Controversial por recrear la vida del fundador de una secta (algunos dicen que se refiere a Ron Hubbard, fundador de la “Cientología”, aunque en el film no se menciona este nombre sino otro; ¿qué pensarán los seguidores de este movimiento por cuyo edificio pasaba yo dos veces por día camino al hotel, a veces a medianoche con las luces siempre encendidas?). Seymour Hoffman asume su papel con la autoridad de un creyente a ciegas frente a sus seguidores y Phoenix de igual proporción en el renglón actoral es su protegido, un borracho y un pendenciero. El final y lo lamento es anti climático pero representa uno de los filmes estrella de este año. Manoel de Oliveira cumple 104 años en diciembre. He tratado de seguir su trayectoria. En la Cinemateca francesa le rindieron una retrospectiva hace muy poco. Recuerdo con fruición cuando conversamos largamente en Montreal en un encuentro casual (¿causal?) alejados del maremágnum de la prensa. Aún guardo su carta escrita por su puño y letra. Una colega alemana, sentada al lado mío en la sala me comentó que “es un milagro que siga dirigiendo”. Gebo y la sombra (Portugal) semeja un teatro filmado (como en el filme del nonagenario Alain Resnais, Aún no has visto nada todavía, que lo vi posteriormente en la mítica sala Pagode en París), la cámara fija, los personajes (un padre, una madre, una esposa y algunos amigos) apenas se mueven, los planos son estáticos. Discuten la desaparición de su hijo: un ladrón. Con Michel Lonsdale, Claudia Cardinale y Jeanne Moreau, entre otros. “Todos cometemos crímenes, por lo menos en nuestras mentes”, dice el patriarca. Un affair real (The Royal Affair, Dinamarca) de Nicolaj Arcel, un filme de época sobre la familia real danesa a fines del siglo XVIII, narrado con soltura, una historia que cautiva (un rey medio bobo, una reina inglesa que se enamora de un doctor alemán que trae a la corte las ideas liberales del siglo de las luces), estupendamente ambientada, recibió muchos aplausos (algo no muy común en el TIFF) cuando se encendieron las luces. A pesar que el espectador sentado al lado mío gritó “Boo, boo” al filme Pasión (Passion, EEUU) de Brian de Palma, no comparto su criterio. Estamos ante un thriller erótico, con toques hitchkockianos, una puesta en escena elegante y estilizada, creo que tendrá éxito de taquilla. Naomi Rapace y Rachel McAdams son las competidoras profesionales en el ámbito de la publicidad y actúan con convicción. El filme es un “remake” de Crímen de amor de Alain Corneau. Se me había pasado por alto que el domingo, en Toronto, el metro abre a las 9:00 am (¡¡¡ni que fuera un pueblo!!!). Mi función era a las 8.30 am. No iba a pagar 25 dólares por un taxi. Llegué a tiempo, a pesar que mi hotel se ubica “uptown”. No podía perderme La última cena (The Last Supper, China) de Lu Chuan. (aquél del admirable Ciudad de vida y muerte/Nanjing! Nanjing!) sobre la rivalidad entre dos generales durante el colapso de la dinastía Qin, en el siglo III A.C. y el comienzo de la dinastía Han. Un estudio y una meditación sobre el poder, la intriga y cómo la historia es tergiversada a través del tiempo. Paraíso: amor (Paradies: Liebe, Austria) de Ulrich Seidel es la primera parte de una trilogía y aquí vemos al turismo utilizado como un culto a eros: vemos cómo mujeres viajan a Kenia para desahogarse sexualmente. Hace tiempo que no me reía tanto pero después de la mitad de la historia el humor se diluye, se vuelve repetitivo con escenas altamente explícitas. La óptica de Seidel es de crítica y de sátira mordaz que se ha convertido en su caballito de batalla como lo vimos en Días de perro de 2001. Michael Shannon está magnífico como el sicópata en El hombre de hielo (The Iceman, EEUU) de Ariel Vromen llevando una vida apacible como un padre de familia y como un asesino a sueldo. Winona Ryder, irreconocible por su delgadez, es la esposa sumisa que oculta todo, también sobresaliente. Basado en un caso real. Después de ver Hannah Arendt (Alemania) de Margarethe von Trota sobre la gran intelectual, entendí mejor el término “la banalidad del mal” que ella acuñó en un libro cuando fue enviada a Israel a cubrir el juicio a Adolf Eichmann que le acarreó la enemistad de muchos amigos y colegas. Arendt sostenía que Eichmann era un burócrata, torpe, que seguía órdenes, sin capacidad de raciocinio, que no tenía consciencia del mal y personajes como él eran capaces de las peores brutalidades por no saber razonar. El filme sigue los pasos de Arendt (Barbara Sukowa) durante su estancia en los EEUU. 3 horas de duración, 6 historias paralelas que se entremezclan, pasado y futuro, con muchas de las escenas uno no sabe lo que está pasando, Cloud Atlas (Alemania) de los hermanos Wachowski (Matrix) y Tom Tykwer (Corre Lola, corre) es una experiencia cinematográfica in situ en el asiento, pero al abandonar la sala la historia se evapora. Mientras escribo estas líneas he olvidado el filme. Sólo recuerdo el birlibirloque técnico, la maestría visual y que trata sobre la interconectividad entre las personas a través del tiempo. Leí el libro hace algún tiempo y no sé si deba releerlo. Jamás imaginé que podría ser trasladado a las imágenes en movimiento, de cualquier forma el trío de directores merece mi respeto por su audacia y coraje. El árbol de la vida de Terence Malik fue el mejor filme de 2011. Su subsiguiente State of Wonder (EEUU) resultó una decepción. Una pena crasa. Altamente anticipado fue marginado por los críticos cuando fue presentado en Venecia a pesar de contar con una admirable factura técnica. Los personajes que meditan introspectivamente sobre el amor y lo que este sentimiento conlleva se nos aparecen como flotando en una atmósfera sin consistencia dramática. El diálogo es parco y conciso y dicho a sotto voce. Ben Affleck deambula de un lado a otro y Javier Bardem, como el sacerdote del pueblo se lamenta (en castellano) de su rollo existencial. Uno de los filmes más inteligentes del TIFF en el sentido de azuzar los mecanismos del cerebro para descubrir (o disentir) temas que atañen a la filosofía y que nos afectan desde hace siglos es El barco de Teseus (Ship of Theseus, India) de Anand Gandhi. Aquí se relaciona con el karma, el dharma, la reencarnación y el nirvana. El filme parte de la premisa que si cada pieza de un barco es reemplazada, ¿sigue siendo el mismo barco? Seguimos las peripecias de tres personajes (un monje que defiende los derechos de los animales, una directora de cine egipcio que ha perdido la vista pero que está por recuperarla después de una operación y un corredor de bolsa que recibió un transplante de riñón que le fue robado a un hombre humilde) con un mismo hilo conductor que los une al final. Los personajes afloran pletóricos de energía y la ciudad de Mumbai, caótica y deslumbrante, como telón de fondo. (Cada año el TIFF dedica una sección a las ciudades, el año pasado fue Buenos Aires y ahora el honor recayó en Mumbai (el antiguo Bombay). Estupendamente editada y basada en unos escritos (diarios, cartas encontradas hace poco en una maleta) Love, Marilyn (EEUU) de Liz Garbus nos revela a una actriz lúcida y alerta, un producto de los medios que, en retrospectiva, se ha convertido en un ícono de la tragedia griega. Con imágenes (fotos, escenas de filmes nunca antes vistas), entrevistas de personas que la conocieron, esa rara presencia de Marilyn Monroe que para emplear un vocablo de Boris Izaguirre, “eclipsaba” a todos a su alrededor. Este eclipse uno lo capta en el documental. Para celebrar los 25 años del álbum “Bad” de Michael Jackson, Spike Lee nos trajo el documental Bad 25 (EEUU) con entrevistas, videos y todo el aparataje detrás de las bambalinas para su preparación que culminó con el tour que comenzó en el estadio de Wembley. Allí vemos a un Jackson, que con su voz atiplada, era un consumado profesional, exigente, meticuloso y un gran artista. Claude Miller falleció este año. Thérèse Desqueyroux (Francia) basado en la novela de Francois Mauriac fue su testamento fílmico. El personaje en cuestión viene a integrar el panteón literario de mujeres conflictivas: (Anna Karenina, Madame Bovary) incapaces de amar a sus conyugues (por diversas razones) y aquí Audrey Tautou, quién la interpreta, la vemos como un ser carente de todo afecto (hacia su esposo, hija, amiga) Sus argumentos del por qué quiso envenenar a su esposo no me convencieron, en fin…. Esto no altera la calidad del filme un tanto convencional en su envoltura.