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DIARIO EL UNIVERSAL / REVISTA ESTAMPAS / Dulce María Ramos / Lunes 16 de Octubre
Actores con un toque real
Actores con un toque real

Una característica del cine venezolano es la presencia de los llamados "no actores" o "actores naturales" para conseguir mayor realismo y conexión en sus historias. Directores y jefes de casting cuentan su experiencia.

 

 

Desde la emblemática Ciudad de Dios, 2002, de Kátia Lund y Fernando Meirelles (Brasil), La vendedora de rosas, 1998, de Víctor Gaviria (Colombia) o en el caso de Venezuela Sicario, 1994, de José Ramón Novoa y Huelepega, 1999, de Elia K. Schneider, el cine latinoamericano se ha enfocado en contar sus realidades desde una profunda crítica social y una estética realista.

 

Después de la reforma a la Ley de Cinematografía en el año 2005, que permitió un aumento considerable de las producciones cinematográficas en el país, si bien el cine venezolano apostó por experimentar nuevos géneros, siguió la tendencia de utilizar "actores naturales" o "no actores", tratando de acercar al público con historias más humanas sin alejarse de la crítica.  

 

Sobre el tema la cineasta y directora de actores Elia K. Schneider dijo: "Entiendo por actores a artistas como Meryl Streep o Daniel Day-Lewis. Sin embargo, hay mucha gente que tiene talento para actuar. En varias producciones, donde me tocó también ser directora de casting, la misma estética de la película impone que los actores no sean seleccionados de las telenovelas, teatro o cine, lo que buscas es que el actor tenga una conexión física y emocional con esa realidad para acercarte más a la textura documental a la hora del filmar. Películas como Sicario con Laureano Olivares o Punto y raya con Edgar Ramírez, son ejemplos de actores que nunca antes lo habían hecho".

 

Para Guillermo Londoño tanto el jefe de casting como el director deben tener el ojo para saber si un "no actor" puede llegar a elaborar un personaje. Sobre su experiencia como jefe de casting en el film Hermano de Marcel Rasquin, contó: "Teníamos a Eliú Armas, él tenía el bagaje de la calle y del fútbol, en su caso le colocamos un coach de actuación porque en las escenas de malandreo o de fútbol se conectaba de manera inmediata, pero en los arcos emocionales como cuando sucede la muerte de la madre a él le tocaba hacer toda una recreación como actor y no tenía las herramientas y estudios para llegar a eso; claro, si es una persona talentosa se pueden conseguir resultados maravillosos".

 

En el caso de Gustavo Rondón director de La familia, era la primera vez que experimentaba con la estética del realismo social. Ante la dificultad que existe en Venezuela de conseguir actores infantiles, junto a Tatiana Mabo y Rober Calzadilla (director de El Amparo) apostó por un elenco infantil conformado por "no actores", fue un proceso de casting que duró varios meses en barriadas y colegios caraqueños.

 

"Quería mucho realismo. Reggie Reyes si bien no vive la misma situación que el chico de la película, conoce esta zona y tiene amigos así, la historia no le era lejana o ajena. En el caso del elenco adulto la mayoría eran actores, eso creaba una simbiosis muy interesante entre la realidad y la técnica", relató Rondón. Sobre este aspecto Calzadilla, jefe de casting del film señaló: "Fue un proceso duro y hermoso. En el taller más que enseñarles a los chicos cómo se actúa era un proceso de conocer cómo viven. Los chicos jugaban con las cámaras, compartieron con todo el equipo, en el momento del rodaje nadie era un extraño. Los niños se sorprendían de las cosas que podían hacer y contar". 

 

El Amparo: el aquí y el ahora

Rossana Hernández es una de las actrices protagónicas de El Amparo. La intérprete participó en la obra teatral de Karin Valecillos que dio origen al film: "Comenzamos un proceso de ensayo durante tres meses. Luego en el Yagual, estado Apure, hubo un proceso de inmersión de un mes antes de iniciar el rodaje, de crear un nexo con la gente del pueblo y con el entorno natural. Vivimos con las personas del pueblo, participábamos en sus actividades diarias".

 

La película, que fue filmada de forma cronológica y sin guion, pretendía llevar a los actores al proceso inverso; es decir tomar a un actor y que dejara su traje actoral con el fin de lograr fluir con la naturalidad de un "no actor", según explicó su director Rober Calzadilla, partiendo de su larga experiencia teatral: "En la mayoría de los casos, cuando colocas una cámara a la cara de un actor de alguna forma está buscando dar lo mejor y verse bien. Cuando agarras a un pescador o a un plomero su rostro de por sí empieza a revelar historias, su pasado, su presente, es algo muy natural y transparente porque no tiene ninguna referencia de cómo se tiene que ver. En una película como El Amparo en su mayoría quería actores formados, pero también que pudieran entender que la película no era el ámbito donde ellos se exhibían, debían fundirse con el espacio. Que las circunstancias los pusieran protagonistas, no que ellos se sintieran protagonistas de entrada".

 

Calzadilla reconoció que su propuesta confundió mucho a los actores, que vivían en el set durante las veinte cuatro horas del día: "Era un ejercicio de observación y de vivencia directa: el choque del actor viviendo en ese lugar con el cual no tiene mucha relación. Cómo iba entendiendo su entorno, conviviendo con el otro. Me interesaba más la acción que la reflexión. Los personajes no tenían pasado ni futuro: siempre estaban en el aquí y en el ahora".

 

Esa fuerte experiencia es lo que reconoció Hernández en su trabajo. Convivir con la gente del pueblo, quien también participó en el film, le permitió ver el oficio de la actuación desde otro punto de vista: "Como actriz te encuentras con un ambiente que no manejas habitualmente frente a unas personas que sí. Esas personas sabían cómo pescar o cocinar con los alimentos que le daba la naturaleza". La actriz admitió que fue un proceso vivencial que requirió no solo su transformación física, también enfrentarse al set con la incertidumbre. 

 

Si algo coinciden tanto los realizadores como los jefes de casting en sus experiencias, es que resulta más sencillo trabajar con un "no actor": "No tienen vicios mal aprendidos del teatro o la televisión. Los actores cuando son buenos, talentosos y disciplinados son una bendición en cualquier rodaje", afirmó la realizadora Schneider.

 

Se buscan

Tres Cinematografía y Trcasting están en la búsqueda de actores y no actores, entre los 40 y 60 años de todas las tipologías, para el largometraje "La Otra Isla". Los interesados deben escribir al correo castingtrfilms@gmail.com.