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WWW.ELUNIVERSAL.COM / Dulce María Ramos / Domingo 08 de Marzo
Mujeres invisibles: el segundo sexo sigue en lucha por sus derechos
Mujeres invisibles: el segundo sexo sigue en lucha por sus derechos

Alma Guillermopietro, Laura Astorga, Carol Ann Figueroa y Patricia Ortega reflexionan sobre el feminismo, hoy Día Internacional de la Mujer.

 

Sé una dama, dijeron. Cuídate a ti misma. Sé pura. Sé virginal. No hables de sexo. No coquetees. No seas una puta. No duermas por ahí. No pierdas tu dignidad. No tengas sexo con demasiados hombres. No te delates. A los hombres no les gustan las zorras. No seas una mojigata. No seas tan tensa. Diviértete un poco. Sonríe más. Da placer a los hombres. Sé experimentada. Sé sexual. Sé inocente. Sé lasciva. Sé virginal. Sé sexy. Sé la chica genial. No seas como las otras chicas

Be a lady, they said (Sé una dama, decían ellos), poema de Camille Rainville

 

Cuando en 1949 Simone de Beauvoir publicó "El segundo sexo", el libro se convirtió de inmediato en referencia de la lucha feminista. Aún hoy, setenta años después, las mujeres alrededor del mundo siguen luchando por sus derechos. Más recientemente, en "La mujer invisible", la periodista británica Caroline Criado Pérez reflexiona sobre la forma en que desde sus inicios la sociedad ha sido diseñada por y para los hombres, desde asuntos tan simples como el tamaño de los celulares, pensados para manos masculinas, hasta temas más complejos como la violencia que sufren las mujeres en las catástrofes naturales y eventos de guerra, pasando por el hecho de que en las investigaciones médicas nunca sea considerado el cuerpo femenino: “Cuando se trata de la vida de la otra mitad de la humanidad, a menudo no hay más que silencio. Y estos silencios se encuentran en todas partes. Nuestra cultura está plagada de ellos. Las películas, las noticias, la literatura, la ciencia, la planificación urbana, la economía... Estos silencios tienen un impacto en la vida cotidiana de las mujeres, un impacto que puede parecer relativamente pequeño”.

 

En estos tiempos del #MeToo, de los altos índices de feminicidios y del reto de romper el techo de cristal, conversamos con la escritora y periodista Alma Guillermopietro (México), la cineasta Laura Astorga (Costa Rica), la escritora y cineasta Carol Ann Figueroa (Colombia) y la cineasta Patricia Ortega (Venezuela) sobre la construcción y destrucción de ser mujer en este nuevo resurgir del feminismo.

 

Alma Guillermopietro: “Ser feminista es una decisión”

 

Guillermopietro: "El feminismo es la elaboración de un pensamiento por y para las mujeres" (CORTESÍA)

 

Nunca quiso jugar con muñecas, ni tener hijos, ni casarse. A pesar de ir en contra de la corriente para Gillerrmopietro estaba claro: “Ser feminista fue una decisión”. Hace un año, después de un evento literario con Chimamanda Ngozi Adichie, la autora mexicana fue cuestionada en las redes sociales por no ser lo suficientemente feminista; de ahí surgió su inquietud de escribir el ensayo "¿Será que soy feminista?", publicado por Random House.

 

A sus setenta años, Guillermopietro se pregunta y reflexiona sobre el hecho de ser mujer, especialmente viviendo en un país donde el feminicidio es una tragedia que enluta a diario las calles y las primeras páginas de la prensa: “En realidad, México está lejos de ser uno de los países con mayor número de feminicidios. El Salvador -que, de paso, tiene leyes criminalmente represivas sobre el aborto- padece 6,8 feminicidios por cada 100.000 mujeres. Guatemala y todos los países caribeños no andan lejos. México tiene una cifra de 1,4 por 100.000 mujeres. Son cifras de la CEPAL, pero tampoco son muy confiables, por el problema de quién y cómo las reportan. Lo que sí es cierto es que las mujeres mexicanas han estado a la vanguardia de las protestas enfurecidas y solidarias que se merece este crimen, y que se están dando en toda América Latina”.

 

Para la escritora mexicana, los hombres deben apoyar esta lucha y cambiar: “El feminismo es la elaboración de un pensamiento por y para las mujeres. Lo que podrían hacer los hombres en beneficio propio sería escuchar, acompañar, aprender y cambiar. Me parece que la vida sin machismos ha de ser mucho más llevadera”. Además, resalta sobre el aborto: “Me parece absurdo, y estúpido, que los hombres no solo opinen sobre este tema tan conflictivo, sino que tengan el poder de legislar –todavía– sobre una decisión que compete únicamente a las mujeres”.

 

Patricia Ortega: “Quiero deconstruir el cuerpo femenino”

 

La cineasta venezolana se ha abierto paso en un medio dominado por hombres (CORTESÍA)

 

Ortega nació y creció en El Saladillo, estado Zulia, con su mamá, su hermano, su abuela materna y sus tías divorciadas. Recuerda que su abuela se levantaba temprano para atender a la familia y hacer los oficios del hogar; también vendía pastelitos, empanadas y mandocas para que sus hijos estudiaran; por otra parte al crecer en un hogar lleno de mujeres, su hermano, hasta el día de hoy, no lava los platos o su ropa. La cineasta venezolana siempre fue rebelde, pero cuando empezó la universidad, esa rebeldía la expresó cortándose el cabello y pintándoselo de rojo; esta etapa más sus nuevos amigos bohemios y gays generaron conflictos con su madre por no cumplir con los patrones deseados. Sin embargo, contó con el apoyo de su abuela por ser una buena estudiante: “Ella siempre me decía que estudiara, de lo contrario me tocaba casarme y tener hijos”.

 

A pesar de tener el ejemplo de su abuela, Ortega reconoce que terminó casándose por la necesidad de ser aceptada, especialmente por los conflictos que le generaba tener un cuerpo que no cumplía con los cánones de belleza establecidos: “Fue el error más grande que cometí en la vida, mi pareja me violentó verbal y físicamente, recibí amenazas de destruir mi carrera. No tuve la fuerza emocional ni física para denunciar, estaba filmando una película y a mi madre le detectaron cáncer. Nadie me creyó, solo mi tía”. Esta dura experiencia le hizo entender que toda su vida había normalizado la violencia, a partir de ahí empezó su encuentro con el feminismo, aunque lamenta que haya tenido que pasar cuarenta años para ello.

 

Sus inicios en el cine tampoco fueron agradables. Ortega relata que era un mundo hostil, agresivo y lleno de hombres -algunos intentaron propasarse-; además, nunca tuvo mentores mujeres y fue muy difícil que creyeran en ella como cineasta: “El rodaje de mi primera película fue horrible, pero en Yo, imposible pude imponer una forma de trabajar diferente ya que tenia muchas mujeres en mi equipo y la producción no tenia relación con la forma de rodar caraqueña patriarcal”.

 

Ahora en su cine quiere hablar sobre las mujeres de verdad. Destaca que en el cine venezolano la mujer es vista como objeto y no como sujeto, asunto que ya experimentó en Yo, imposible, al mostrar a una madre con sus matices y a una joven que se pregunta sobre su identidad binaria. En su nuevo proyecto cinematográfico, Mamacruz, personaje inspirado en su madre y su abuela, quiere contar el erotismo de la mujer en la tercera edad: “Deseo explorar el mundo sensorial, no caer en el cliché de que el erotismo es solo la piel y cuerpos, entrecomillas, agradables; con esta película quiero deconstruir el cuerpo femenino”.

 

Para Patricia Ortega es importante hablar de todos estos temas, que las mujeres puedan identificar cuando las están agrediendo, censurando o limitando: “Nos han enseñado que debemos aguantar, callar, ser pasivas y aceptar. Esto debe cambiar”.

 

Laura Astorga: “Una vulva no me hace tener una mirada femenina”

 

Dice la directora costarricense: "Nos narramos desde una posición de subordinación" 

 

Su ópera prima Princesas rojas recrea su infancia; de hecho, Astorga dice sin tapujos que lo más complejo fue deconstruir el concepto de la familia y no tanto el de mujer: “Lo más difícil fue desmitificar a mis padres, que se supone deben ser amorosos, quererte y criarte. Si mis padres hubieran vivido sus circunstancias hoy, seguramente mis hermanas y yo hubiéramos sido abortadas. Mis padres y mis abuelos nunca se cuestionaron el derecho de tener o no tener hijos porque era una obligación”. La cineasta costarricense aclara que más bien su deconstrucción femenina empezó después de un divorcio traumático que la obligó a encargarse sola de la crianza de su hija. En ese momento se preguntó qué tipo de madre quería ser y qué infancia quería darle a su hija, especialmente lejos de los estereotipos impuestos por el mercado con las princesas Disney.

 

A la par en su carrera cinematográfica, Astorga también sintió el peso de ser mujer en un medio dominado por hombres: “Vivo y crezco en un entorno en el que parece que no hay otras cineastas. Hace poco leí en un periódico que el cinismo del patriarcado es tan potente que cada fin de año se pone la cuenta de los feminicidios de nuevo en cero. Entendí que así nos pasa en todo lo relacionado con las mujeres, desde nuestra existencia, nuestros asesinatos, hasta nuestra historia. Crecemos sin referentes de ningún tipo, nos narramos desde una posición de subordinación”.

 

A raíz de todo su proceso, Astorga emprendió el proyecto "Sexismógrafo", una herramienta pedagógica para medir el grado de sexismo en las narrativas del cine, la televisión, la publicidad, la cultura y la música: “El hecho de tener una vulva no me hace tener una mirada femenina, ésta se forma por el contexto o el entorno social, que es patriarcal y por ende corresponde a una mirada masculina”.

 

Laura Astorga entiende que en ciertos contextos de violencia es difícil declararse feminista y que en la actualidad en sus planes de socialización prefiere dedicarlos a sus pares: “Si me gusta un tipo, trato resolver el hecho como rápido y a solas, porque mis planes de socialización son con las mujeres y quiero aprovechar mi tiempo”, concluye.

 

Carol Ann Figueroa: “Este es un momento de voz”

 

"A mí el termino mujer no me define, pero sí es una condición que genera cosas", dice la escritora colombiana Carol Ann Figueroa. 

 

Figueroa recuerda que nunca fue afín a los oficios del hogar, se resistía ante ello cada vez que su madre le ordenaba hacerlos. Creció en una familia tradicional y a lo largo de su vida entendió que tanto por el lado de su padre como el de su madre, vivió, aunque de forma sutil, el machismo: “Recuerdo que mi hermano tenía bicicleta, y yo no. También, y esto puede resultar muy irónico para alguien que es escritora, la primera vez que llegó un computador a la casa lo metieron al cuarto de mi hermano y nadie podía usarlo; entonces hice una vaca con mis otros hermanos y compramos nuestra propia computadora”. La escritora recuerda que si bien sus padres no limitaban sus decisiones o acciones por su género, estos eventos cotidianos sí le permitían ver que habían circunstancias diferentes para sus hermanos varones como para ella y sus hermanas.

 

Para Figueroa, el termino “mujer” resulta ajeno; es decir, explica que ser mujer es una condición como el color de piel, el lugar donde uno nace. Sin embargo, reconoce que empezó a definirse como mujer en un mal lugar: desde los chicos, cuando le empezaron a interesar en la adolescencia. Años después interesada en escribir la historia de su abuela materna llegó a una conclusión: “A mí el termino mujer no me define, pero sí es una condición que genera cosas”.

 

Desde hace tres años, Carol Ann Figueroa creó el canal de YouTube "La Píldora", un espacio que nació de forma orgánica inspirado en la feminista argentina Malena Pichot y en las cosas que iba observando en su entorno con sus pares, y que le permitió la transición del periodismo tradicional y del cine documental a los medios digitales, así comenzó creando contenidos que le interesaban de forma más rápida y lo más importante, pudo tener una interacción más inmediata con el público. A pesar del éxito que está consiguiendo, sus padres evitan hablar de los temas que toca en su canal: “Estamos viviendo un momento de voz, por eso es tan conflictivo. Para mí es muy emocionante no estar solamente como espectadora. También es real que le das voz a quien no la tiene, pero eso implica una gran responsabilidad”.

 

En la medida que el número de suscriptores de su canal crece y ella misma se convierte reconocida en una activista feminista en Colombia, Figueroa dice sentir algo de miedo y espera que la emoción que siente hoy por hacer sus videos no se pierda: “Siempre lo que prive debe ser mi placer y no un compromiso”.

 

@DulceMRamosR