Con motivo del recién fallecimiento del reconocido escritor venezolano, Eduardo Liendo, reproducimos un artículo firmado por nuestro presidente Bernardo Rotundo, sobre la adaptación a la pantalla grande del libro "Los platos del diablo", dirigida por el cineasta Thaelman Urgelles, estrenado en un momento crucial tanto para el país como para el cine nacional
“…Vocifero como un energúmeno, y después río, río hasta sollozar imaginando la frase que diría al psicoanalista: ‘Doctor, por favor, se me secó el cerebro…’.
“…Sí, él emprendió esa aventura. Pero cada nuevo esfuerzo culminaba en otra imposibilidad. Las malditas palabras. Era cierto lo que escuchó decir alguna vez a Malva Granados: ‘El escritor —dijo— es el más desprovisto y desvalido de todos los artistas, no posee sino las palabras, las mismas palabras gastadas de todos los días, para intentar algo perdurable’”.
Eduardo Liendo, 'Los platos del diablo'
Triste noticia. Se nos fue el escritor Eduardo Liendo, tenía 84 años, leyes inexorables de la vida. Se vinculó con el cine venezolano, gracias a Thaelman Urgelles autor de la película Los platos del diablo, basada en su libro homónimo publicado en 1985 y ganador del Premio Municipal de Literatura del Municipio Libertador, ese mismo año.
La película se finaliza en el año 1993, justo cuando se aprueba la Ley de Cinematografía Nacional, en un país envuelto en una turbulencia política con el desfile de varios presidentes y una elección de otro, ese mismo año. El presidente Carlos Andrés Pérez fue juzgado y destituido en mayo de 1993; el abogado Octavio Lepage -en ese entonces Presidente del Congreso de la República-, es encargado brevemente, para luego quedar el historiador y político Ramón J. Velázquez, hasta el mes de diciembre cuando en las elecciones generales gana Rafael Caldera con una fuerza política inusitada denominada popularmente como el “chiripero”, conformado por pequeños partidos de variadas corrientes políticas que se juntan en torno al disidente y quien fuera fundador del partido COPEI, logrando imponerse a los partidos tradicionales, iniciando así la caída del bipartidismo hegemónico (AD-COPEI) en aquella contienda electoral.
En ese ambiente la Ley de Cine, impulsada por los cineastas -desde los años 60- fue bombardeada por sectores económicos que no les convenia que se aprobara. Todos sabemos del temible e influyente lobista Jack Valenti, quien en su país era muy bien querido en la Casa Blanca y, por ende, en el mundo. Valenti era presidente de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (The Motion Picture Association, MPAA) y escribió un libro sobre sus memorias titulado: “Mi vida en la guerra, la Casa Blanca y Hollywood”. El gran lobista inquieto por lo que hacían los cineastas en Venezuela, llama al entonces presidente Carlos Andrés Pérez para presionarlo para que no se aprobara dicha ley. Eso no es un cuento de una leyenda.
Los cineastas movilizados en las gremios y asociaciones, promotores del diseño de políticas públicas, terminan enfrentándose a los distribuidores y exhibidores locales que representan en Venezuela a la gran industria de Hollywood. A pesar de las presiones existentes los creadores cinematográficos lograron sortear todos los escollos para que el Congreso de la República aprobara una de las primeras Leyes de Cine de América Latina, no es cualquier cosa. Sólo un pequeño gran detalle: los legisladores suprimieron todos los artículos de la ley que tenían que ver con la corresponsabilidad privada para los financiamientos económicos del cine local. Una nueva ley se aprobó, pero sin “real”. Recordamos los intensos debates que se realizaban en las Asambleas de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC). Los testimonios de los cineastas Carlos Azpúrua y Jacobo Penzo, sólo por mencionar algunos, son demoledores al narrar el momento en que venían, en la noche taciturna, bajando por la avenida Universidad, que colinda con el edifico del legislativo, invadidos con sentimientos encontrados y agridulces. "¿Celebramos?" Se auto responden: “Tenemos Ley, pero sin dinero”, y se consuelan agregando que se crean las bases de la institucionalidad del cine. Tenían razón, sin dudas.
Promulgada la Ley, viene la constitución del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), que finalmente se crea el 1ro de agosto de 1994 -hace 31 años- y su primer presidente fue el periodista y empresario editorial Sergio Dahbar, quien debe asumir una compleja labor, sin muchos recursos.
Ahí aparece -en ese contexto tumultuoso- la película basada en el libro de Liendo llamada Los platos del diablo, de Thaelman Urgelles, quien -con mucha razón- empieza a exigir que su película sea estrenada en las salas. Ningún distribuidor se interesaba en ella. Thaelman era un ciudadano sujeto de toda sospecha porque también estaba pensando en leyes de cine. Nadie quería promover la obra fílmica. Estaba huérfana.
En ese ambiente, me encontraba en la Dirección de Cine del Ateneo de Caracas, recibimos la llamada de Sergio Dahbar – también excompañero de estudios de la Escuela de Comunicación Social – para decirme que organizáramos el estreno de Los platos del diablo en la sala de Arte Margot Benacerraf, ubicada en la Plaza Morelos, el espacio más pujante de cine en Venezuela de aquel entonces.
Preparamos una sesión privada y vimos la película con Urgelles y Eduardo Liendo. Todo un lujo. Una buena película basada en un gran libro. Aciertos creativos. ¿Por qué no querían distribuirla sí era una ficción, de genero thriller policial? En mi pueblo le dicen a eso “un pase de factura”. En efecto, preparamos un plan para la película: creación e impresión del afiche, realización del tráiler, exposición de fotografías en la galería Los Espacios Cálidos, conversaciones y cine foros, firma de libros en la Librería del Ateneo, inauguración y rueda de prensa.
El apoyo del CNAC fue decisivo para lograr su estreno, aunque el presupuesto era muy limitado, pues recordemos que nos habían suprimido los artículos que financiaban la Ley. Se hicieron grandes encuentros con los actores y actrices: Gustavo Rodríguez, Mimi Lazo, Víctor Cuica, Claudia Venturini e incluso hasta el expresidente del extinto Foncine, Julio Sosa, figuraba como actor en la película.
Ahí tuvimos el honor de conocer al escritor Eduardo Liendo, hombre modesto y sencillo, nada pretencioso. No se parecía al joven insurgente y recio que se involucró con los movimientos subversivos de izquierda, lo cual lo llevó a ser un preso político entre 1962 y 1967, en la Isla de Tacarigua y el Cuartel San Carlos.
Los platos del diablo se estrenó en la “Margot” – como le decíamos resumidamente – gracias al apoyo del CNAC. La sala Margot Benacerraf era un espacio independiente y alternativo que formaba parte de la Federación Venezolana de Centros de Cultura Cinematográfica (FEVEC), organización creada con el apoyo de los cineastas venezolanos en el año 1974, para promover las películas nacionales que no encontraban espacios de exhibición en los cines. Se unen cabos.
El cine nacional tuvo que esperar 12 años hasta el año 2005 para que se aprobara la primera reforma de la Ley de Cinematografía Nacional, donde se logró incorporar al sector privado en el financiamiento del cine venezolano. Lo cual ha sido parte de un gran esfuerzo unitario de la comunidad cinematográfica nacional.
Y lo primordial que se logró con la Reforma aprobada por todas las fuerzas políticas que hacían vida en la Asamblea Nacional fueron fundamentalmente dos temas: el financiamiento de la Ley y la cuota de pantalla para el cine venezolano. Se crearon instrumentos como Fonprocine para la captación de fondos de parte del público: cuando vas a la sala de cine el 5% del boleto lo paga el espectador, así como los canales de suscripción por cable, Tv señal abierta, entre otros. Y en la década 2005 y 2015 el balance del cine venezolano fue grande cuantitativa y cualitativamente. Muchas y buenas películas.
Liendo en Los platos del diablo visto en imágenes creadas por Urgelles accedió a las pantallas gracias a una movilización de los cineastas que hicieron posible la Ley, el CNAC y su Reforma de Ley. Nuestro cine muestra nuestra cultura e idiosincrasia, nuestras ilusiones y pesares.
Los tiempos siempre nos establecerán retos y exigencias y los cineastas venezolanos, sus gremios y asociaciones siempre han estado atentos y activos. En esta oportunidad debemos demostrarle, nuevamente, al Ejecutivo Nacional la importancia del cine venezolano, sensibilizarlo para que en este nuevo decreto denominado de Emergencia Nacional pueda excluir al CNAC y a FONPROCINE. En el año 2022 ocurrió algo similar.
Ya nuestro sector está en emergencia desde hace rato por la merma de los ingresos de las salas de cine y la falta de incorporación de los ‘streaming’ en el apoyo al cine. Como respuesta a la debilidad económica, el CNAC está desarrollando programas como APRENDER HACIENDO que permitan seguir contando historias cinematográficas, a muy bajo presupuesto. Es importante comentar que para los próximos meses del año 2025 y 2026 son varias las películas nacionales que serán estrenadas. Nuestro cine está resistiendo y debemos explicar eso a las autoridades.
Y aquí una analogía con la realidad que parece un relato de nuestro cine, con giros y finales sorprendentes.
Se nos fue Liendo con “Los platos del diablo”. Queremos que el CNAC y muchos proyectos del cine venezolano continúen adelante y no desfallezcan o desaparezcan.
Evitemos que se nos seque el cerebro y sin ser energúmenos, más bien tratemos de persuadir, sin caer en los extremos o la polarización, que no nos ayuda a seguir adelante.
Yo diría como Malva, haciendo una analogía a la cita inicial a Liendo, asociándola con la imagen en vez de la palabra: “El cineasta —dijo— es el más desprovisto y desvalido de todos los artistas, no posee sino las imágenes, las mismas imágenes gastadas de todos los días, para intentar algo perdurable”.
¡Viva Liendo y viva el cine venezolano!
Bernardo Rotundo
Presidente Circuito Gran Cine







