No obstante, esta adquisición no es el final de una batalla de millones, sino otro capítulo de una larga y compleja negociación, con el futuro de miles de trabajadores y el equilibrio de poder en Hollywood pendiendo de un hilo
En la tarde del jueves, en Los Angeles, se cerraba -parece que definitivamente- el proceso de compra de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix, con la renuncia de la plataforma a seguir pujando contra Paramount-Skydance. La oferta económica del estudio rival no pudo ser mejorada por Netflix, y ahora -salvo que las autoridades económicas pongan pegas a la absorción de WB- Batman, Superman, Bugs Bunny, Harry Potter y los Hobbits pasarán a estar en la nomina del estudio de la montaña sobre fondo azul. Otra derivada por esclarecer es la política, con intereses económicos próximos a Trump dispuestos a entregar en bandeja muchas cabezas liberales de las subsidiarias informativas de WB, como la CNN.
Pero, sobre todo, en este momento, la gran pregunta que flota sobre Burbank es qué será de la compañía. De su personal, de su cultura, de su legendario estudio. El destino de cientos de puestos de trabajo en el área de producción, tanto en cine como en televisión, es un enorme interrogante. La lógica implacable de las fusiones apunta a que uno más uno seguirá siendo uno. La nueva entidad resultante de la unión Paramount-Warner Bros. necesitará recortar infraestructura, especialmente en televisión, donde pasará a controlar un gigante formado por Warner Bros. TV Group, CBS Studios y Paramount Television Studios.
"Piensa en el derramamiento de sangre de miles de empleados en CBS y Paramount, y ahora será aún más. Sencillamente horrible", se lamentaba un empleado del sector. "Va a ser un terremoto para toda la comunidad, la pérdida de empleos y de contenido. Lugares para vender, lugares para comprar".
Hay quien ya está cansado de la montaña rusa. Un ejecutivo de Warner, agotado tras una década de vaivenes corporativos que han llevado al estudio de Time Warner a AT&T, de ahí a Warner Bros. Discovery y ahora a Paramount-Skydance, resumía la filosofía de supervivencia con una mezcla de estoicismo y resignación. "Otro día, otra fusión. Yo solo trabajo. Eso es todo lo que hago. Con la cabeza baja, trabajo", dijo.
Al otro lado de la colina, en Paramount-Skydance, el alivio venía acompañado de la necesidad de ponerse manos a la obra. Varios departamentos, especialmente los más reducidos, habían estado en un compás de espera, congelando la contratación de personal hasta saber si se integrarían con Warner Bros. y se generarían duplicidades. Tras los despidos masivos del año pasado, algunas divisiones, como los canales de cable y los restos de Showtime, estaban "reducidas al mínimo". Paradójicamente, esa falta de personal podría ser una tabla de salvación para algunos trabajadores de Warner Bros., que podrían encontrar hueco en la nueva estructura.
Pero las preguntas se acumulan sin respuesta. ¿Seguirán HBO Max y Paramount+ siendo entidades separadas o acabarán fusionándose? ¿Venderá Paramount el mítico estudio de Burbank? ¿Y qué pasará con CNN, especialmente en el actual clima político? Un empleado de Warner Bros. Discovery lanzaba una pulla con una comparación inquietante: "Mira lo que le han hecho a CBS News".
En cuanto a la posible fusión de culturas, un ejecutivo de Paramount señalaba con cinismo que su estudio ya no conservaba una identidad cohesionada, diluida tras las fusiones con CBS y Skydance y los sucesivos recortes. Un contraste marcado con Warner Bros., donde los empleados aún presumen de una solidaridad interna que ha logrado sobrevivir a una década de cambios de dirección.
En Netflix, la frustración era de otro tipo. Si bien un empleado aseguraba que las opiniones iban desde el alivio hasta la decepción, en los pasillos se impuso el debate autogestionado: la mayoría concluía que la empresa había hecho lo correcto al ejercer disciplina financiera y no dejarse atrapar por una subasta. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. Algunos expresaron su decepción por perder la oportunidad de explotar el vasto catálogo de Warner Bros. La idea de integrar la capacidad de producción de la WBD en una compañía que carece de un gran estudio propio había generado ilusión. Además, la ruptura enterraba un sinfín de preguntas incómodas, como la de cómo cohabitarían HBO y Netflix bajo el mismo techo. "Supongo que ya no importa a quién reporte Casey Bloys", bromeó un empleado, en referencia a los rumores sobre el futuro del máximo responsable de HBO.
Fuera de los tres gigantes implicados, en una ciudad marcada por la caída de la producción y el desempleo, el escepticismo era la nota dominante. Un observador señalaba la losa financiera que arrastrará la nueva compañía. "La nueva empresa estará agobiada por 87.000 millones de dólares de deuda. Para ponerlo en contexto, en cuatro años, Warner Bros. Discovery tomó más de 50.000 millones en deuda y solo pudo reducirla a 30.000. Esto duplica esa carga", advertía.
La reacción también llegó desde las instituciones. El fiscal general de California, Rob Bonta, lanzó un aviso a navegantes que dejaba claro que la batalla no había hecho más que empezar. "Paramount/Warner Bros. no es un trato cerrado. Estos dos titanes de Hollywood no han superado el escrutinio regulatorio. El Departamento de Justicia de California tiene una investigación abierta, y tenemos la intención de ser rigurosos en nuestra revisión", advirtió. Horas después de que Netflix se retirara, Bonta reiteró su postura, subrayando la importancia histórica y económica de la industria para el estado.
Los grupos de vigilancia mediática también encendieron las alarmas. Craig Aaron, codirector ejecutivo de Free Press, fue especialmente duro con el control que los Ellison (la familia dueña actual de Paramount-Skydance) ejercerán sobre CBS News y CNN. "Los Ellison ya han prometido a la administración Trump que harán cambios radicales en CNN si tienen la oportunidad, y sabemos lo que eso significa: despedir periodistas, eliminar historias importantes y reemplazar las noticias con propaganda vacía", denunció. Aaron advirtió que el acuerdo pone en peligro la democracia al conceder a multimillonarios complacientes más control sobre la información.
Seth Stern, de la Freedom of the Press Foundation, secundó las críticas: "Ellison arrojará sin dudarlo la Primera Enmienda, a los reporteros de CNN y a los cineastas de HBO bajo el autobús si se interponen en la expansión de su imperio corporativo y en el engorde de sus bolsillos. Pero la censura es mala para los negocios".
Mientras tanto, David Zaslav, CEO de WBD, adoptaba un tono conciliador en su comunicado tras inclinarse por la oferta de Paramount. "Netflix es una gran empresa y durante todo este proceso, Ted, Greg, Spence y todos los que están allí han sido socios extraordinarios para nosotros. Les deseamos lo mejor en el futuro", declaró, antes de mostrar su entusiasmo por la nueva alianza.
En el frente legal, no solo California se prepara para la batalla. A principios de mes, un grupo de consumidores presentó una demanda en un tribunal federal de California para bloquear la operación, un movimiento visto como poco probable pero que abre otra vía de oposición. Y en Washington, la senadora Elizabeth Warren calificó el acuerdo como un "desastre antimonopolio". "Un puñado de multimillonarios alineados con Trump están tratando de apoderarse de lo que ves y cobrarte el precio que quieran", sentenció.
Lo que parecía un desenlace se ha convertido en otro capítulo de una larga y compleja negociación, con el futuro de miles de trabajadores y el equilibrio de poder en Hollywood pendiendo de un hilo. La noticia sorpresa del jueves no fue un final, sino un paso en una nueva era de incertidumbre para el 'showbusiness'.






