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DIARIO TAL CUAL / Martha Cotoret / Martes 01 de Enero
“Necesitamos Cine permanente”
“Necesitamos Cine permanente”
La industria fílmica en Venezuela se tiene que enfrentar a la falta de recursos, al desarrollo de una mejor dirección, a guiones deficientes y al vacío de una educación formal
El anuncio del Presidente de la República, Hugo Chávez, de la creación de una Escuela de Cine el año que viene, que pertenecerá a la Universidad Experimental de las Artes (Uneartes), ha abierto una esperanza entre los cineastas criollos, quienes coinciden en la necesidad de una fuente de educación formal. “Cine es la quinta escuela que aspiramos crear en la Uneartes y se está construyendo el currículo (que comprenderá clases de guión, dirección, actuación manejo de cámaras, iluminación, montaje, edición, entre otros procesos)”, anunció Chávez en el último Aló Presidente. Al paso le saltó el presidente de la Cinemateca Nacional, Gustavo Michelena, quien aseguró estar “sumamente emocionado” con el desarrollo de este proyecto educativo. “Antes los cineasta hacíamos los guiones improvisando, pero ahora los guionistas se van a formar”, dijo Michelena quien ayer –en la presentación del Festival de Cine Latinoamericano y Caribeño Margarita 2009- recalcó la necesidad y la importancia de formalizar la educación en cine en el país. “Quienes escucharon el Aló Presidente el domingo saben que la Escuela de Cine en Venezuela se va a hacer. Tenemos la necesidad de recibir información. Es necesario que contemos nuestras historias, que sepamos contar nuestras historias y que las sepamos construir. Hay necesidad de formar guionistas y por eso es que se van a dar charlas en el festival”, aseguró la máxima autoridad de la Cinemateca Nacional. Cine social rescatado Para el cineasta Román Chalbaud, el cine en Venezuela tiene carencias mucho más profundas: Las de género e ideológicas. “Anteriormente se hacía un cine de interés social, pero después se apagó por falta de apoyo”, dijo el director de Zamora, para quien es indispensable retomar el tratamiento de estos contenidos en el cine nacional. En aras de hacer este tipo de películas y de apoyar la educación de los realizadores venezolanos, Chalbaud anunció que, las películas que durante años había recopilado (las de Buñuel, de Visconti, entre otros), serán donadas a la Uneartes. “Cuenten conmigo en este esfuerzo que están haciendo por el cine y la cultura”, concluyó Chalbaud, quien además formará parte del cuerpo docente de la universidad. El documentalista venezolano Carlos Azpúrua, se suma a la creencia de que el cine debe ser un instrumento para denunciar la realidad de los pueblos. Es por esto que el cineasta ha centrado su carrera en filmes como Amazonas, el negocio de este mundo o críticas sociales como Disparen a matar. Ese es precisamente el tema del más reciente documental de Azpúrua: Saharaui, la última colonia de África “(Para su producción) participé en el territorio liberado. Las mujeres y los niños viven en el desierto, del desierto que el pueblo de Argelia les cedió para que vivieran ahí. El pueblo saharaui lucha primero por el referéndum”, explicó el realizador venezolano. Dinero, educación y constancia Sin embargo, para el cineasta Luis Alberto Lamata este diagnóstico del cine en Venezuela se queda corto. A falta de instituciones formales de educación, se le suma la falta de dinero y la necesidad de tener una trayectoria sostenible como cineasta. “El cine lo que necesita es el apoyo de un recurso (monetario) para producir. La calidad va pareja con la cantidad, es decir, es importante que los nuevos cineasta hagan cine y sigan haciéndolo para que puedan tener carreras sólidas que le permitan aprender a través de la práctica y que los directores con trayectoria puedan continuar con su trabajo”, explica el director de Boves. Además, Lamata diagnostica una falta de conocimientos para la buena realización de guiones y para una dirección aceptable. Para el cineasta, hay que mejorar los guiones a la par de la dirección. Hay gente que piensa, ejemplifica Lamata, que las películas no funcionan por la falta de un buen guión, pero muchas de esas fallas tienen que ver también con la dirección. “El cine necesita todas las puertas abiertas: de Estado, de la empresa privada y el cine independiente. Cuando hablo de independiente me refiero a que unos muchachos puedan salir con su cámara de video en la mano, hacer una película y saber que van a contar con el apoyo económico del Gobierno, sin que esto tenga que ver con las producciones oficiales”, enfatiza al realizador. Más ayuda privada Otro de los conflictos que Lamata descubre en la industria criolla es la falta de incorporación de los exhibidores y distribuidores a los procesos de producción audiovisual, quienes, según el cineasta, sólo colaboran con el cine nacional con el porcentaje que le corresponde a Fonprocine por concepto de taquilla. “Hago hincapié en esto de la producción audiovisual porque creo que tanto los canales de televisión del Estado como los privados también deberían apoyarla. Los venezolanos nos merecemos buen cine y buena televisión. Me encantaría ver buenas series, programas de variedades, telenovelas”, agrega Lamata.