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EL CORREO DEL ORINOCO / Vanessa Davies / Martes 01 de Enero
La auténtica magia del séptimo arte resucita cada día en CineCelarg3
La auténtica magia del séptimo arte resucita cada día en CineCelarg3
Reproducimos esta entrevista con Livio Quiroz, publicada el pasado día domingo en el suplementeo "Artillería" del diario El Correo del Orinoco
La Sala CineCelarg3 –proyecto creado por los cineastas Carlos Azpúrua, Jacobo Penzo y Livio Quiroz con apoyo del Celarg– ofrece lo mejor del cine del mundo y se planta firme ante la invasión de la industria cultural de Hollywood. ¿Está harto de la sangre y el chaca-chaca de Hollywwood? ¿Quiere tener otra mirada de lo que sucede en Rusia, India o China? ¿Desea reencontrarse con las actrices de los años 40 del siglo XX, el humor de la gran pantalla, la sexodiversidad, La naranja mecánica, James Dean o Marlene Dietrich? Acérquese a este espacio, creado hace casi siete años por tres cineastas –Carlos Azpúrua, Jacobo Penzo y Livio Quiroz- con apoyo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallesog para garantizar las mejores horas en la oscuridad Nos sentamos en las butacas e inmediatamente el cine nos sobrecogió con su magia habitual: el propósito era ver las escenas iniciales de la película rusa La Boda, de Pavel Lungin, pero esos pocos minutos se convirtieron en la contemplación, por más de media hora, de imágenes y diálogos sobre la Rusia del presente y sus glorias del pasado. Estábamos en la Sala CineCelarg3 con la mejor compañía posible en la oscuridad: el profesor Livio Quiroz, cinéfilo, trabajador de la industria cinematográfica venezolana y director de este espacio donde lo alternativo es la regla y no la excepción. En el diálogo posterior con Quiroz, la anécdota de La Boda se hizo tan clara como un amanecer. Amor, desencanto, mafia rusa y las preguntas: ¿Se casarán? ¿Matarán a Misha, el guapo novio minero? Desde hace casi siete años –los cumple en noviembre próximo– en CineCelarg3 se muestran, de lunes a lunes y en funciones a las 5:00 pm y a las 7:00 pm, las mejores películas disponibles. No lo que Hollywood quiere que veamos con su rueda de violencia y sangre que gira sin fin, sino lo que permite encontrarse con las culturas, los dramas, los sentimientos de naciones y personajes que no existen para el circuito comercial venezolano. “Es una sala que exhibe películas de interés artístico y cultural”, precisa. La sala existe por iniciativa de Quiroz con los cineastas Jacobo Penzo y Carlos Azpúrua, quienes constituyeron la Asociación Civil Cine Digital. Pero también es fruto del apoyo decidido del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, convertido en una referencia para la cultura y la discusión caraqueña. Lo que era un plano depósito de trastos viejos –“donde estaban los archivos, los muebles” y los corotos arrumados– se transformó en un espacio con 60 butacas en el que cobran vida la sensual Marlene Dietrich de El Ángel azul, y las niñas y los niños pueden encontrarse con el Charles Chaplin de La quimera del oro. “Hablé con un arquitecto que trabajó para Cines Unidos desde los primeros años, y le expliqué que si él decía que se podía construir, se autorizaba. Fue difícil, porque esto era un lugar inhóspito”, describe. Mas no se amilanaron: se pusieron paredes, se instaló la cabina de proyección, una empresa de Cagua fabricó las butacas. “La pantalla la trajimos de Chicago; no se hace en Venezuela”. La sala es confortable; tal como lo enfatiza Quiroz, el cine es entretenimiento, y para que esa palabra se cumpla al pie de la letra se necesitan algunas comodidades que CineCelarg3 ofrece a sus usuarias y sus usuarios. No se comen cotufas ni chicle ni se beben gaseosas, porque la idea es que se mantenga la máxima atención y no que la escena culminante se vea interrumpida por el crujir de una bolsa de platanitos. Esta medida le ha costado más de una mala cara inicial, pero al final son más los agradecimientos. Además, la sala es un punto de encuentro. “Se crea un vínculo entre las personas que vienen, quienes hablan de cine, participan en tertulias. Se crea la conducta del cinéfilo, que es la persona que ama el cine”. Quiroz estima que, por día, unas 60 personas disfrutan de la programación del espacio. CHAPLIN EN LA INFANCIA En CineCelarg3 se exhibe una película diaria y se trabaja con base en ciclos de autoras o autores, temas, países. “La misión es difundir la cultura cinematográfica”, que es “muy distinto de exhibir solamente” un filme cualquiera. Para lograrlo desde edades tempranas, se hace un esfuerzo especial con niñas y niños, en convenio con el Celarg y Pdvsa La Estancia. “Ellos traen a los niños de las comunidades, niños que a veces nunca fueron a un cine”, comenta. Son 60 asistentes por función, tres veces a la semana. “Es una experiencia muy importante”, remarcó. El toque mágico lo pone Chaplin con La quimera del oro, al que le sigue un conversatorio. “Hemos tenido experiencias muy interesantes porque vienen niños que nunca han visto a Chaplin, y cuando ven la primera imagen se produce la carcajada”, relata. Al dialogar con ellas y con ellos, criados en la cultura de la televisión, “recoge uno reacciones muy sorprendentes”. La meta de Quiroz con los más pequeños es que adquieran las herramientas para distinguir una buena historia, bien contada, de lo que suelen observar en la TV o en el cine comercial. “Yo les cuento la historia de la fotografía, del movimiento”, explica. Con Chaplin “la expresión corporal era fundamental”, y esa es una de las áreas que se trabaja con las niñas y los niños. Las criaturas cuentan, en la reflexión posterior, que el señor que buscaba el oro tenía mucha hambre, y por eso se come un zapato; y que el actor se convirtió en pollo pero no se lo comieron. “Ellos entienden la relación de solidaridad entre los dos personajes, y la necesidad” que tenían, refiere. “Empiezan a pensar críticamente frente a la imagen, que es lo importante”. Con las personas adultas el propósito es compartir los planteamientos de las y los cineastas, sus posturas, su trascendencia. “Cuando hacemos esos ciclos para dar a conocer a un autor queremos que el espectador entienda que hay una industria en la que se cuentan cosas y se desarrollan planteamientos que, sin dejar de ser nacionales, alcanzan una valoración universal”, expone. También “afianza en la espectadora y en el espectador la convicción de que se pueden decir cosas importantes, trascendentes, sin banalizar, sin violencia”, sin la corredera ni el disparo. Este año se han hecho ciclos como el de Sundance, festival creado por Robert Redford que reúne el cine independiente del mundo y lo que se hace en Estados Unidos al margen de los grandes circuitos; también, sobre la diversidad sexual y sobre cine ruso (que concluyó esta semana). Hoy comenzará uno sobre El humor en el cine, que ofrecerá 35 títulos y terminará el 8 de septiembre; es decir, casi un mes dedicado a la risa en la gran pantalla. ¿Una de las joyas que se podrá observar? Matrimonio a la italiana, con Sofía Loren. También, filmes de India y China. Entre otras actividades, la sala tiene los Sábados Selectos, a las 3:00 pm, en el que se exhiben grandes clásicos, “películas importantes en la historia del cine”, como Rebelde sin causa, con James Dean. Se quiere demostrar “que existe otro cine, que es importante, que está bien hecho, que es producto de industrias nacionales desarrolladas”. La entrada, para estas funciones, es gratuita. MÁS QUE EL CINE DE HOLLYWOOD Lo que sus creadores buscaron con la creación de CineCelarg3 es rebatir el argumento de que a la espectadora o al espectador masivo “no le interesa el arte”, sino “la diversión simple”; la realidad, fustiga Quiroz, es que este es “un círculo vicioso”, porque si el espectador “no tiene la posibilidad de ver películas de interés artístico y cultural, ¿por qué las va a buscar?”. Quiroz remarca que en el país hay un sector oligopólico que controla “la importación y la comercialización del cine en Venezuela”. Ahora “solamente hay salas de cine en centros comerciales, y ellos imponen lo que debe ver el espectador”. En los centros comerciales todo está marcado “por un modo de ver, un modo de transmitir la información y divertimento que atiende al modelo hollywoodense”. Ese cine “está modelando los hábitos, el gusto y comportamiento del país, de los ciudadanos, de los espectadores”. Eso “es grave, es delicado”, porque “pareciera que estuviéramos inermes y desprotegidos, y resulta que no es así”, ya que “hay muchas posibilidades de que eso cambie”. No solicita que se restrinja la circulación del cine comercial, sino que en cada centro comercial haya una pantalla “de cine de interés artístico y cultural”. Vuelve sobre este punto: “No estamos planteando que se elimine el cine comercial, sino tener la opción de que el espectador, cuando va a un centro comercial y se ubica frente a una marquesina, tenga la posibilidad de escoger otro producto distinto del procedente de Hollywood”. La Asociación Civil Cine Digital ya llevó esta demanda a la Asamblea Nacional. “Habría que reformar la ley para que eso quede establecido allí”, apuntó. “El Estado tendría que intervenir y legislar al respecto”. También propone que el Gobierno Nacional apoye a las pequeñas y los pequeños exhibidores “que se van a dedicar a esta actividad”. Quiroz rememora que en todo el país hay exhibidores que quebraron debido al acoso de Hollywood y al crecimiento de los mall. “Muchos están intentando reabrir estos espacios”, explicó. También es perentorio formar personas que puedan “gerenciar salas con perfil de cine alternativo y cultural”. Esto, analiza, es un problema de Estado, porque “el cine hollywoodense está permanentemente reforzando una ideología, una visión del mundo, y ese es un problema cultural nacional”. Una manera de atacarlo “es con la oferta de alternativas, la exhibición de otro cine, pero para eso se requieren gerentes culturales”, a quienes “les guste el cine, les apasione el cine”, porque para hacer esto “tiene que gustarte el cine; el cine es un espectáculo, ya que si no hay pasión lo que viene es el hastío, la flojera y se muere la sala”. Todo lo contrario de lo que sucede en CineCelarg3, donde provoca quedarse muchas horas. Igual que para ser buen periodista hay que amar la escucha paciente y tener la curiosidad despierta las 24 horas, para gerenciar una sala como la CineCelarg3 se requiere un amor verdadero por el cine. Quiroz lo tiene: a este cojedeño le gustaba el periodismo, pero como no tenía recursos para estudiar en la universidad ingresó en la escuela de teatro y cine. Trabajó en su adolescencia con el pintor Jacobo Borges en el homenaje a Caracas por su cuatricentenario. “Siempre fui productor. Produje La casa deagua, de Jacobo Penzo, y muchos cortometrajes”. Con tantos años de trabajo en la industria, Quiroz reitera que es la pasión –y no la apetencia económica– la que debe mover un espacio como el que comanda. Estar detrás de una sala no puede convertirse en una tarea de servidora o servidor público, que se burocratiza y se aburre, porque el cine es una diversión. “Y si no se asume así”, ratificó el maestro, “no se puede sostener”. ---------- 0 ----------- Relatos con celular y taller con Petrizzelli En unos 15 días, con el apoyo de estudiantes de Unearte, en la Sala CineCelarg3 se realizará un taller sobre el uso del celular como cámara para contar historias breves, informó Livio Quiroz. Está previsto mostrar clásicos de la animación, que motiven a contar historias con el teléfono como herramienta. “Ellos mismos van a hacer sus dibujos, con pintura y plastilina, y lo van a filmar”, detalló. La actividad se dirige a niñas y niños de 10 a 15 años de edad. “La idea es que aprendan que esa herramienta que se usa cotidianamente para una cantidad de cosas, también se puede usar creativamente para contar y narrar”. El 2 de septiembre comenzará un taller para jóvenes sobre cine documental, que lo dictará John Petrizzelli, tendrá una duración de tres meses y trabajará desde la idea hasta el filme. Comenzará con la elaboración del guión, la preproducción, la producción y el rodaje. Para 2014 se plantean la consolidación de los talleres de formación, con la premisa de que hacer cine se aprende haciendo cine, y contarán con el apoyo de cineastas como Jacobo Penzo, Carlos Azpúrua, John Petrizzelli y Alejandro Bellame. ------- 0 ------- Marquesinas de antes Las marquesinas, idénticas a las de los cines de antaño, fueron hechas por un carpintero de Petare. “Le dijimos que queríamos algo clásico, como eran los cines tradicionales de Caracas”, y así las hizo, recuerda Livio Quiroz. ------- 0 -------- Un proyector de 35 milímetros guarda lo mejor del pasado Cinecelarg3 cuenta con un proyector de 35 milímetros de los clásicos. “Estaba en desuso en una vieja sala de cine, lo recuperamos y lo pusimos a funcionar”, relató Livio Quiroz. Pero con el paso del tiempo “empezó a aparecer la dificultad de que el material en 35 milímetros es muy difícil de conseguir”, señala. Por ello, utilizan el formato DVD, aun cuando el proyector está allí, sometido regularmente a mantenimiento. La tecnología “ha abaratado los costos, y por tanto ha democratizado la pantalla, porque todo es más barato y de mejor calidad”. --------- 0 ----------- El espectador excluido Por Livio Quiroz La exclusión más atroz que se practica contra el espectador de cine es aquella que proviene de no permitirle la confrontación con las películas de interés artístico y cultural, con el argumento de que al público masivo no le gusta el arte sino el cine de simple diversión. Este es un círculo vicioso en el que el espectador siempre se estará mordiendo la cola, pues al no tener la oportunidad de contemplar, por ejemplo, una película alemana comoBagdad Café (1987) de Percy Adlon, también tendrá pocas posibilidades de percibir la belleza y diversión en este excepcional filme realizado bajo criterios estéticos totalmente ajenos al modelo hollywoodense. OFERTA DIVERSA Y PLURAL Al hacer el anterior señalamiento no busco sugerir la restricción de la circulación del cine comercial; más bien estoy pensando en la presencia de por lo menos una pantalla de cine independiente y alternativo en cada uno de los centros comerciales del país, de modo tal que cuando el espectador se ubique frente a la marquesina del complejo de salas, tenga la opción de escoger de una oferta de películas diversas y plurales. Pienso también en la necesidad de construir pequeños centros culturales en aquellas ciudades donde las grandes empresas del sector no construyen centros comerciales (y por lo tanto tampoco salas de cine), porque la población es menor a 300 mil habitantes y cuya capacidad de compra de boletos no les garantiza el sostenimiento de los márgenes de ganancia fijados. En estas circunstancias, habría que aplicar un criterio de rentabilidad en el que se valore el logro cultural como una ganancia de la inversión económica. Por ejemplo, en estos pequeños centros culturales podríamos ver, al lado de una sala que exhiba buenas películas comerciales procedentes de todas partes del mundo, otra pantalla que muestre obras de interés artístico y cultural. Y, en torno a estas salas, construir la oferta de alternativas gastronómicas, artesanales, teatrales, musicales, literarias, etcétera, acompañadas de una plataforma de formación cinematográfica y artística en general. FINANCIAR AL PEQUEÑO EXHIBIDOR El Estado debe financiar a estos pequeños emprendedores como una manera concreta de fomentar el desbloqueo del oligopolio del sector importador y comercializador de películas que operan en el país en asociación con grandes capitales trasnacionales. El criterio básico es que estos grupos, cuya rentabilidad por venta de boletos, “chucherías” y mercancías conexas supera 80% en ganancias netas, cedan pantallas y sean obligados a diversificar la importación de películas para su distribución en el mercado nacional. Un centro cultural como el modelo que estamos proponiendo podría ser autosustentable con una rentabilidad de 40% sobre sus ventas globales.