Noticias
DIARIO EL UNIVERSAL / Daniel Fermín / Martes 01 de Enero
"Hay que democratizar la pantalla"
Reproducimos esta entrevista con Bernardo Rotundo, presidente de Gran Cine, publicada el día lunes 12 de agosto en el diario El Universal
"Una de las peores carteleras de América es la de Venezuela porque está sometida a Hollywood ". "Cines Unidos y Cinex nos imponen una dictadura al poner películas con 140 copias".Bernardo Rotundo lleva años dedicado a la distribución de cine alternativo o independiente. El presidente del circuito Gran Cine ahora quiere ir más allá: presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto para la creación de un Centro de Acción Social por el Buen Cine que permita ver más películas ajenas a estudios de Hollywood. -La cartelera cinematográfica local está concentrada en un 95% con obras hollywoodenses. Ello ha erosionado el ecosistema audiovisual venezolano porque impide que se exhiban obras de procedencias diversas. El cine asiático no existe aquí. Eso nos ha afectado, ha moldeado los gustos de la audiencia. Pareciera que si no es de Hollywood es malo. Hay que democratizar la pantalla. -Esa falta de equilibro se repite en muchos otros países. ¿La industria que más produce en la región, por lógica, no debería ser también la que más exhiba? -No compartimos ese criterio. No puede ser que nuestra mirada esté orientada a la producción de un sólo país (...). Hay un tema que tiene que ver con la soberanía nacional. No puede ser que en América Latina no conozcamos lo que se hace en Argentina, Colombia o Brasil pero sí conozcamos lo que se hace en Estados Unidos. -El proyecto plantea la creación de un gran circuito de salas alternativas. ¿Eso no haría más marginal a ese cine, al alejarlo de los complejos principales? -El país tiene dos circuitos: el de la Cinemateca Nacional, que programa clásicos, que se dedica a formar al espectador; y el de las cadenas comerciales cuyo objetivo principal son las películas más taquilleras. Hace falta crear un circuito intermedio que tenga apoyos económicos para instalar salas en los centros comerciales (...). No queremos atrincherarnos en una cueva para que nadie nos vea; al contrario, queremos masificar el cine artístico. Una de las maneras de lograrlo es que podamos copar espacios en universidades y comunidades. Con las nuevas tecnologías digitales podremos acceder a un número importante de público. Lo que pasa es que las cadenas de Venezuela nos marginan. Cinex y Cines Unidos violan la Ley de Cine al no respetar la disposición que establece que el cine artístico y cultural también es de interés social. El problema es que no hay sanción. -La mayoría de la exhibición en Venezuela pertenece a dos grandes empresas. ¿Cree que solo la intervención del Estado puede evitar ese oligopolio que existe? -Este es un tema de derechos humanos, y el garante de los derechos humanos es el Estado. El gobierno tiene que asumir. Presentamos el documento para que el presidente Maduro nos de una audiencia para exponerle en detalle el proyecto. Maduro, en sus intervenciones, ha dicho que hace falta crear mayor cultura cinematográfica. Nosotros lo traducimos con la idea de formar un espectador mucho más crítico y reflexivo. Si hiciéramos una evaluación de la labor de Cines Unidos y Cinex en cuanto a la promoción del buen cine saldrían raspados (...). Un ejemplo: la segunda copia de Las mujeres del sexto piso, que vino por el Festival de Cine Europeo, no hemos podido programarla porque no les interesa. A nuestras películas las sacan de cartelera a pesar de que agotan entradas. -Usted asegura que el público sufre de analfabetismo audiovisual al ver cintas comerciales. ¿Se puede formar un espectador crítico a base de imponer películas? -Es que esto no se trata de un método impositivo, sino de crear una cartelera diversa. Una de las peores carteleras cinematográficas de América Latina es la de Venezuela porque está sometida a Hollywood. Cines Unidos y Cinex son los que nos imponen una dictadura al poner películas con 140 copias. Eso no es democracia ni pluralidad. No queremos que esas empresas quiebren; al contrario, gracias a ellos, a superproducciones, ingresan recursos para el cine venezolano, pero tampoco eso debe condenar al público a una sola mirada. -La Cinemateca ya exhibe una programación alternativa. ¿El intento que hace el Estado es mínimo para cambiar la situación? -Nosotros respetamos el trabajo de la Cinemateca, pero es una programación especializada muy diferente a la nuestra, que es concentrarnos en obras recientes que puedan atraer audiencia y hacerlas masivas. Quisiéramos un circuito intermedio entre el cine de cinemateca y el cine comercial. Ojo, Gran Cine no quiere convertirse en un nuevo Cines Unidos o un Cinex o competir con la propia Cinemateca. Lo que queremos es que se puedan abrir nuevos espacios en el país. -Más de uno, al leer el proyecto, dirá que se busca consolidar a Gran Cine. -No queremos ser protagonistas. La idea es crear una mesa de trabajo, queremos que todos los sectores se involucren. Gran Cine asocia a salas, pero no es propietaria de ninguna. Queremos tener el derecho de que podamos ir a un banco para solicitar un financiamiento para montar una sala de cine. Hace falta un plan para que personas independientes puedan montar sus salas orientadas a la diversidad del cine. -El proyecto cita algunos ejemplos de películas que no se estrenaron en el país. ¿Cree que hoy hay censura en la exhibición de cine? -Siempre hay criterios económicos. Por ejemplo, un representante de uno de los principales estudios hollywoodenses, cuando vio la película de George Clooney (Buenas noches, y buena suerte), dijo que las películas en blanco y negro eran un fastidio, que no eran rentables. De Inside Job (Charles Ferguson) se colocaron los afiches y devolvieron las copias porque dijeron que no iba a producir nada. Se imponen criterios muy reaccionarios a la hora de decidir qué películas se ven. Las de Michael Moore desde hace rato que no las vemos. En 2004, llegaron 17 copias de Fahrenheit 9/11 y no se estrenaron. Te puedo hacer un listado de cómo unos gerentes de una empresa de distribución terminan decidiendo qué es lo que pueden ver los venezolanos. Creemos que tenemos derecho de tener un abanico de posibilidades para elegir libremente, que no sea un gerente. -Distribuidoras como Amazonia Films o los mismos festivales que organiza Gran Cine traen películas con retraso. ¿De qué sirve exhibir cintas que ya están en televisión por cable? -El problema es que a veces es difícil de conseguir copias subtituladas en 35 milímetros. Con la tecnología del digital va a ser mucho más rápido que lleguen al país vía satélite. -El cine va camino a la digitalización. ¿Qué pasará con las salas independientes ante un cambio que requiere una gran inversión? -Hay que digitalizar las salas. Una de las cosas que queremos plantearle al Gobierno es que Cadivi otorga dólares para Superman o Rápido y furioso, pero para el cine artístico es difícil conseguir porque no tenemos un músculo económico. El Centro Nacional Autónomo de Cinematografía tiene interés en apoyarnos en esto, pero son trámites complicados. -El proyecto también propone el rescate del cine club ahora con tecnología digital. ¿Vale la pena invertir en algo costoso si no garantiza recuperación de recursos? -No podemos ver todo dentro de una lógica económica. Lo más importante es la soberanía, la cultura, que el público tenga una mayor formación. Eso es un esfuerzo titánico, pero si no se intenta no se hará nunca y estaremos siempre entre Rápido y furioso o Superman. Planteamos un modelo híbrido: unos lugares que sean educativos y culturales, subsidiados por el Gobierno, y otros con créditos factibles de pagar. A Santa Teresa del Tuy no se puede llegar a pasar películas artísticas porque ese cine iría a la quiebra a los pocos meses. Habría que poner cuatro filmes comerciales y una sala de cine de arte. Hay que ser responsables porque los recursos no se pueden echar a saco roto. dfermin@eluniversal.com