Noticias
COLABORACIÓN / Luis Sedgwick Báez / Martes 25 de Octubre
Lo mejor del Toronto Internacional Film Festival (1ra. Parte)
Lo mejor del Toronto Internacional Film Festival (1ra. Parte)

Nuestro amigo y colaborador Luis Sedgwick Báez nos trae su acostumbrado resumen de lo mejor visto en el más recién festival de la ciudad canadiense. (1ra. de dos entregas).  

 

 

Por Luis Sedgwick Báez

 

Primero las estadísticas, que otorgan peso, volumen y relevancia al Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF): se exhibieron 397 films de 71 países de los 6.933 que se presentaron; 266 fueron primicias mundiales.

 

Al llegar observo el panorama habitual: las nuevas construcciones a granel que han cambiado la geografía urbana de la zona, los rostros conocidos pero desconocidos al no saber sus nombres, rostros nuevos, otros que han dejado de venir, el bululú de los espectadores moviéndose de aquí para allá, los policías montados vigilando las calles con sus lustrosos caballos (ya una reliquia del pasado empleada como atracción turística), el cierre de calles para convertirlas en peatonales durante unos días, los fanáticos que se apostan a la entrada de los hoteles con el aliento de horas de espera y la oportunidad de ver entrar o salir a algún director o actor de renombre (los guardaespaldas, por doquier alertas, tienen ventaja), los voluntarios del TIFF, siempre atentos, sonrientes y solícitos. Los lugareños se mostraban orgullosos pues la revista The Economist escogió esta vez a Toronto como una de las 10 ciudades con más calidad de vida del mundo. Vi un total de 44 films.

 

Para aquellos periodistas que deseaban intercambiar ideas con los directores y actores, en la sección “Conversando con…” se encontraban en el podio Isabelle Huppert, Mark Wahlberg, Sonia Braga, Hiam Abbass (actriz palestina), entre otros. Todos sabemos qué significa Hollywood, Bollywood quedó atrás por ahora, ahora surge Nollywood, sinónimo de Nigeria. El TIFF dedicó en su sección “Ciudad a ciudad” a Nigeria, con algunos de los títulos más representativos de su cinematografía.

 

El primer día vi 5 films. ¿El mejor? Paterson (EEUU) de Jim Jarmusch. Nos ubicamos en la ciudad de Nueva Jersey, donde Paterson (Adam Driver) funge como conductor de un autobús (‘driver’ en inglés significa conductor), arrastrando una vida de rutina: se levanta, besa a su esposa, conduce por la ciudad, oye las conversaciones de los pasajeros, regresa a la casa a cenar, pasea el perro y entra a un bar a tomar una cerveza. En sus momentos libres, Paterson compone poemas. Jarmusch es un artista de la observación, de la universalidad cotidiana y el film apunta hacia la ilusión, a la ilusión truncada y a su resurrección. Paterson es una oda a la poesía y a su poeta William Carlos William, nacido en Paterson. Jarmusch construye aquí un film magnífico, sobrio, sin estridencias, relevante.

 

Los Hermanos Dardenne, Jean Pierre y Luc, siempre lúcidos en su confrontación con las relaciones humanas y comedidos en su enfoque llegaron esta vez con La chica desconocida (La fille inconnue, Bélgica) teniendo a una doctora (Adele Haenel) como faro de la trama. Una prostituta es hallada muerta cerca de su consultorio quien poco tiempo atrás trataba de entrar a la clínica en busca de ayuda. Arrastrando una crisis de conciencia, la doctora se convierte en detective, averiguando a diestra y siniestra la identidad de la occisa pues fue enterrada en una fosa común. Un film honesto, sin concesiones, donde los inmigrantes, la mayoría ilegales, adquieren tema de discusión vis-á-vis a la política, a la sociedad, a los organismos de seguridad.

 

Cada vez surgen más periodistas y gente de la industria en el TIFF. En varias oportunidades no pude entrar a la sala pues las colas eran inmensas y los asientos limitados. Tuve suerte de poder ver La La Land (EEUU), estrenada en Venecia y furor en el TIFF pues vino acompañada de una excelente crítica. El film es un homenaje a los musicales de Hollywood de los anos 50. La pareja conformada por Ryan Gosling como el músico que aspira a tener su propio club de jazz y Emma Stone como una dramaturga y actriz en potencia poseen una extraordinaria química (esencial en estos casos) que el resultado es superlativo, como así la coreografía pletórica de imaginación y originalidad.

 

Tenía mis resquemores al ver el nuevo film de Kim Ki Duk La red (The Net, Corea del Sur) pues la vez anterior nos trajo un pasticho de sexo gratuito y violencia exacerbada que mereció nuestro rechazo. Ahora nos trae la historia de un pescador de Corea del Norte que sobrevive para dar de comer a su familia. Pero se siente feliz y no exige nada más a la vida. Por azar, el motor  de su barcaza se enreda en la red, deja de funcionar y el viento lo adentra en territorio enemigo: Corea del Sur. Allí comienza su pesadilla. Lo apresan y lo tratan de convertir en un espía. Después de mucho litigio pide que lo devuelvan a su país de origen que lo considera, ahora, otro espía. Kim Ki Duk nos presenta a un personaje que obviamente le ha sido lavado el cerebro, un rechazo automático al sistema capitalista hasta el punto que mentalmente es incapaz de emitir comentario alguno cuando admira la abundancia de la oferta en Corea del Sur, so pena de castigo. El pescador  reconoce al final que los métodos de tortura y corrupción  de ambos países para sustraer información son idénticos.

 

Con la presencia de Terence Davies en la sala, se presentó Una quieta pasión (A Quiet Passion) sobre Emily Dickinson, figura mayor en el canon de la literatura norteamericana, quién creció en un ambiente ultra conservador y religioso y quién nunca abandonó su ciudad natal. La dirección de arte está meticulosamente estudiada pero los parlamentos entre los personajes resultan discursivos, como dictando cátedra, como si supieran lo que van a decir de antemano quitándole frescura y espontaneidad a la trama, aunque la sicología de la gran poeta asoma plausible con su carga de angustia existencial y el temor de Dios. Cynthia Nixon (que estaba sentada detrás de mí) encarna a la Dickinson con dignidad y mesura.

 

Una adolescente a punto de graduarse en el liceo es atacada pero se defiende de ser violada. Este repentino trauma incide en su rendimiento en el examen final y su padre, un médico respetable en su profesión, utiliza todos los mecanismos, a veces fuera de la ley, para que su hija logre el puntaje necesario para obtener una beca en una universidad en el Reino Unido. Graduación (Bacalaureat, Rumania) de Cristian Mungiu (el mismo del soberbio “4 meses, 3 semanas y dos días”) es un estudio minucioso sobre las relaciones entre una familia y el entorno profesional y amistoso, y que obtuvo el premio al mejor director en Cannes.

 

Otro film, también exhibido en Cannes y que logró el premio al mejor guion, fue El vendedor (Forushande, Irán) de Asghar Farhadi, presente en la sala junto a Shahab Hossein, quien se llevó el premio al mejor actor como el profesor que ensaya la obra de Arthur Miller “La muerte de un viajante”, que a punto de ser estrenada, la censura gubernamental exige que se eliminen ciertas escenas. La mujer del profesor (Taraneh Alidoosti), que actúa también en  la obra, oprime el botón de entrada a la puerta principal de su apartamento creyendo que es su esposo, el profesor. (Una mujer de dudosa reputación, habitaba en ese apartamento con anterioridad) y es violada en la ducha por un intruso que frecuentaba ese apartamento. Su esposo, como en el film de los Hermanos Dardenne, asume el rol de detective tratando de descubrir la identidad del intruso y reclamar justicia. En la trama surgen varias interrogantes cuyo resultado no lo sabemos, lo que le otorga al film un aire de misterio. Farhadi dirige con total control al equipo de actores y con la muerte de Abbas Kiarostami se ha convertido en uno de los directores estrella de la cinematografía iraní.

 

Al entrar a la sala IMAX con capacidad de 412 butacas salo habían 11 personas viendo Jota (Espana) de Carlos Saura, aficionado a atesorar otros bailes como Sevillanas o Flamenco. Me dio la impresión que los bailarines en la imagen bailaban para mí sólo. El film es una seguidilla de jotas, antiguas, modernas, de diversas regiones de España; hay una escena donde una experta en esta danza explica a la audiencia un film de los 50 donde la jota era una forma de cortejar a la mujer: ahora los tiempos son otros. En otra escena (un homenaje de Carlos Saura a Francisco Rabal) donde vemos al actor bailando una jota en el film Goya en Burdeos, dirigido precisamente por Saura, en el cual Rabal interpreta al pintor. Esta escena me recordó al momento en que asistía al Festival de Montreal donde Rabal recibía el Premio de las Américas por su trayectoria. Un colega argentino me pidió que lo acompañara a tomar un trago en el bar del hotel con Rabal. Su esposa lo conminó a que no tomara y Rabal respondió algo como “a estas alturas, déjame tranquilo”. Ella subió a la habitación y nos quedamos los tres en el bar. Lo noté alicaído y enfermo. Me saqué una fotografía con él. Mi sorpresa fue mayor cuando leí en el periódico al día siguiente que Francisco Rabal había muerto en el avión rumbo a España. Pues le dio un infarto y la ciudad más próxima para descender era Burdeos. Goya murió en Burdeos y Rabal murió con las botas puestas. Fue la última fotografía de Rabal en vida y la tengo conmigo.

 

Adaptando una pieza teatral de Peter Handke, Wim Wenders nos trajo Los bellos días de Aranjuez (Les Beaux tours d’Aranjuez, Francia/Alemania), un diálogo entre una pareja en un jardín de la campiña francesa mientras un escritor teclea lo que la pareja va a decir. Es un diálogo rico en poesía, altamente intelectual, debemos de aceptar que la mayoría de la gente no habla de esa manera en estos días pero aquí radica su belleza en esos diálogos literarios filmados en 3D.

 

(Fin de la primera parte)