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DIARIO EL UNIVERSAL / Simón Villamizar y Yolimer Obelmejías / Lunes 12 de Diciembre
Espectadores se alejan del cine nacional
Espectadores se alejan del cine nacional

Reproducimos este artículo que habla sobre la dramática ausencia de público hacia las películas venezolanas que se han estrenado a lo largo de este 2016, año en el que la cinta más taquillera, "Tamara", ha sobrepasado apenas los 20 mil espectadores. 

Un gran apagón. Eso fue lo que ocurrió en las salas de cine en 2016, según algunos representantes del sector, que aseguran que sólo 17.568.459 espectadores compraron un boleto para disfrutar de la proyección de una película, mientras que el año anterior la misma cifra llegó a 27.203.965.

 

"Desde enero hasta noviembre de 2016, la industria registró una caída de 35% de espectadores en comparación con el año pasado; es decir, 9.635.506 de venezolanos dejaron de ir al cine", asegura Bernardo Rotundo, presidente del Circuito Gran Cine, quien analiza las cifras emitidas por la Asociación de la Industria del Cine (Asoinci).

 

"Durante casi cuatro meses, los horarios de los centros comerciales se regularon y se eliminó aproximadamente 33% de las funciones. Ese fue el inicio de la debacle de audiencia de espectadores cinematográficos en Venezuela", subraya Rotundo, quien agrega que las consecuencias se han sentido en las salas de exhibición, en las distribuidoras de películas y, por supuesto, en la industria nacional, que se beneficia de un porcentaje de las ventas de boletos de todas las obras exhibidas.

 

La situación económica es para el también periodista la gran responsable del fenómeno. "La prioridad de la gente es comprar alimentos por encima del entretenimiento. A pesar de que el cine sigue siendo una de las actividades más populares, también empieza a ser costoso para los presupuestos de las familias venezolanas", trata Rotundo de encender algunas luces en torno a lo que ocurre. Y va un poco más lejos: también la inseguridad ha alejado a los espectadores de las butacas.

 

"Para nadie es secreto que después de las 8:00 de la noche la ciudad se queda a oscuras y las personas tienen miedo de salir por causa del hampa", sostiene. 

 

Y Abdel Güerere, presidente de la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas (AVEP), coincide con él. "Es verdad que la gente redirigió su consumo hacia la sobrevivencia, la alimentación, la vivienda y la seguridad, pero en estas cifras también incidió que hubo una crisis eléctrica a inicios de año, se establecieron unos horarios no usuales para el público, hubo una pérdida del hábito, y eso es muy importante para el cine. Otro elemento causal es la inseguridad, la cual restringe la asistencia a las salas en la noche. Ya no hay funciones de medianoche y las de las 9:00 pm empiezan entre 8:00 y 8:30 pm; así que este año se han estrenado menos películas que en 2015". 

 

A todos esos elementos, Güerere suma el ajuste de los precios de los tickets, que golpeó el bolsillo del público. "El precio de las entradas de cine en América Latina está entre 3, 5 y 7 dólares. En Venezuela no llega a un dólar. El ajuste que se ha hecho ha sido muy por debajo de la inflación y es requerido para poder garantizar la sobrevivencia de las salas de cine", afirma.

 

"Otro elemento a considerar es el perfil sociodemográfico de los espectadores", apunta Abdel Güerere. "61% de ellos pertenecen al segmento D de la población, que ha sido impactada por la depresión y la inflación. Y 60% de los espectadores son jóvenes, que estudian y trabajan, y la situación económica les pega más", enfatiza.  

 

Por todo ello, cree Bernardo Rotundo, es que una película como Desde allá, de Lorenzo Vigas, que ganara el León de Oro en el Festival de Venecia, sólo logró "movilizar a 16.000 espectadores. Esta era una película como para que atrajera a más de 120.000 personas. Y lo mismo ocurre con Tamara, que tiene todas las cualidades para ser masiva, pero ha tenido una taquilla lamentable de 21.000 espectadores".

 

Los efectos más contundentes se han registrado en las cifras de audiencia del cine nacional. Por ejemplo, si Papita, maní, tostón, de Luis Carlos Hueck, fue vista por más de un millón de personas en 2014, las cintas más taquilleras de este año no se acercan a los 25 mil espectadores. Tamara, de Elia K. Schneider, llevó a las salas a 21.669 personas; Desde allá, de Lorenzo Vigas, tuvo 16.867 cinéfilos, y Devuélveme la vida, de Alain Maiki, atrajo a 10.954 asistentes.

 

"Admitir que una película es un éxito porque tiene 20 mil y tantos espectadores, es negar un fracaso, aquí y en cualquier parte del mundo", sentencia el periodista y crítico de cine Robert Gómez, quien concede que el factor económico, la reducción de los horarios de proyección y la inseguridad, fueron tiros de gracia para el cine nacional. "Pero no los únicos factores que han hecho que el público se distancie del cine hecho en casa".

 

En su lista hay otros condicionantes, como "la política de retrasar los estrenos", "la pésima estrategia de  promoción de las películas" y hasta el contenido de las producciones.

 

"Algunos de los filmes que se estrenaron este año se rodaron hace más de una década y eso termina por desgastar el proceso natural de la cinta. Es el caso, por ejemplo, de El irrigador y de Bambi C4, que al llegar a las salas lucen viejas y desfasadas, y eso lo resiente el espectador", apunta Gómez como primer punto.

 

"En el cine nacional las películas se promocionan con unos tiempos sumamente cortos, a diferencia de lo que ocurre en Argentina o México, y ni hablar de Estados Unidos, donde una película como El despertar de la fuerza comienza a dar de qué hablar tres años antes de su estreno. En Venezuela la promoción se hace, a lo sumo, seis semanas antes. Y peor aún: a veces sucede además que cuando escuchas al propio director hablando de su película, te das cuenta de que ni siquiera sabe hacia dónde debe apuntar realmente para vender su historia", añade como segundo factor.

 

Y como para echar más kerosene al fuego, Gómez se atreve a sumar un tercer factor, acaso el más polémico: los temas que suele abordar el cine nacional. "No se ha conseguido borrar el aura de que las películas venezolanas sólo hablan acerca de la delincuencia, la marginalidad y la crisis social. Y no es que se deba renunciar a esos temas, pero tal vez se deba repensar la manera en cómo han sido tratados. Sobre todo en una situación socio-política como la que hemos vivido en los últimos años porque tengo la impresión de que estamos entrando a las salas como Mia Farrow en La rosa púrpura de El Cairo: para olvidar los problemas que tenía en casa. Y si revisas la lista de las películas taquilleras del mundo, te das cuenta de que tienen que ver con gente que salva al mundo o con historias más esperanzadoras. Nosotros nos hemos olvidado, en cambio, de ese lado solar de la vida".