Reproducimos la entrevista al cineasta Philippe Le Guay, director de "Las mujeres del 6to piso" y "Florida", invitado de honor del 30º Festival de Cine Francés que empieza mañana viernes 29 de abril.
De niño, Philippe Le Guay (París, 1956) tuvo una nana española llamada Lourdes. Cuando tenía cuatro años de edad, ella se marchó de la casa y lo dejó a él, además de triste, con un idioma extraño entre el español y el francés que nadie entendía.
Las mujeres del 6to piso es su homenaje. La cinta, de 2011, se discutió ayer en un cine foro con estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, pero se estrenó en el país hace un par de años en el Festival de Cine Francés en Venezuela, encuentro que celebra su edición 30 desde mañana y que cuenta con la participación del cineasta nominado al César para presentar su más reciente filme Florida (2015), otra historia de inmigrantes.
Las mujeres del 6to piso está ambientada en la Francia de los años 60, momento en el que los españoles se diseminaron por el mundo huyendo de la dictadura de Francisco Franco. Es la historia de un grupo de españolas que trabajan como empleadas del hogar en París y “adoptan” a uno de sus patrones porque las ve y trata de forma diferente.
“En ese tiempo la emigración no era vista como algo peligroso. Las mujeres españolas, católicas, no hablaban ni una palabra en francés, pero era bastante fácil para ellas conseguir trabajo. Además, todas se ayudaban unas con otras”, cuenta Le Guay, completamente en español, mientras un auto lo lleva desde Altamira hasta la universidad.
“Es una visión optimista comparado a como son las cosas hoy, cuando el extranjero parece peligroso, aunque sin llegar a ser enemigo. En Francia, por ejemplo, hay tres millones de desempleados y hay una competencia con el extranjero por el puesto de trabajo. Ahora, además de las razones económicas, el migrante llega al país porque huye desesperado de la guerra en Siria o de la miseria del norte de África”.
En Florida el éxodo también es protagonista, aunque esta vez son franceses los personajes que se mudan a otro país: Estados Unidos.
–Las grandes migraciones pueden impactar en la cultura de los países destino.
–En el pasado hay muchos ejemplos de estos cambios culturales. Tenemos un gran ejemplo a principios del siglo pasado con el movimiento de los judíos de Europa central hacia Francia o hacia el continente americano. Todos los grandes productores de cine vienen de Europa central.
–¿Es momento de abrir las puertas o ponerle más obstáculos a los desplazados?
–No hay manera de saber si un inmigrante sirio puede convertirse en un guionista o escritor importante en un futuro no tan lejano.
–En el arte, el lenguaje en lugar de poner barreras, pareciera que puede derrumbarlas.
–La ambición del lenguaje artístico es que sea universal. Hay metáforas, imágenes. El lenguaje artístico se dirige no solamente a la inteligencia o a la lógica, sino también a las emociones. Se puede ver una película, pero no se puede entender todo lo que hay en ella. O sí. Es lo mismo para la música o para la pintura.
–Sin embargo, el latinoamericano consume más cine europeo que el europeo cine latinoamericano.
–Eso responde a un asunto económico. Si tienes una película como la argentina Relatos salvajes (escrita y dirigida por Damián Szifron y nominada al Óscar 2015) que fue comprada por Warner Bros., sabes que con su fuerza comercial será distribuida en todos lados.
–Creo que si se pensara primero en el público de su país, en su identidad, puede que sea más fácil que la película viaje después por el mundo. El cine mexicano ha tenido mucha fuerza. En los 50, por ejemplo, con Luis Buñuel. Ahora también, con Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón. En Argentina está ocurriendo un fenómeno parecido.
–Hollywood es el norte de muchos cineastas. ¿Lo es para usted?
–No, ahora el cine de Hollywood es sólo efectos especiales. Se hacen películas independientes, pero representan apenas 10% de la producción estadounidense.
–El cine estadounidense ha cambiado completamente, pero para mal. Ahora es más difícil conseguir una película con un punto de vista sobre el mundo. Hay excepciones, como el trabajo de los hermanos (Joel y Ethan) Coen, o los mexicanos ya mencionados, pero son pocas. Al Óscar nominan a 10 películas de 400 que se producen al año. Es una lástima.


